Éxodo 32:1-142017-03-22T04:45:52+00:00

PASAJE BÍBLICO

Éxodo 32:1-14

 

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

EL CONTEXTO:

En capítulo 13, el pueblo hebreo huyó de Egipto y en capítulo 14 cruzó el Mar Rojo. Yahvé guió los israelitas por el desierto haciéndose visible como columna de nube durante el día y columna de fuego por la noche (13:17-22). Yahvé les ha dado agua (15:22-27; 17:1-7) y comida (capítulo 16). Los israelitas han experimentado la presencia y la providencia de Yahvé repetidas veces, y tienen muchas razones para creer que el Dios que les ha ayudado en los días recientes también proveerá por ellos en los días que vienen.

En capítulo 19 los israelitas llegaron a Sinaí, donde truenos, relámpagos, una nube espesa en el monte, el estallido de trompetas, fuego, y humo marcaron la presencia de Dios. Según las ordenes de Yahvé, Moisés y Aarón subieron el monte para recibir la ley (19:16-25).

Capítulos 20-31 relatan la entrega de la ley en el monte. En capítulo 24 hay una transición cuando Yahvé le dice a Moisés que suba el monte con Aarón, Nadab, Abiú, y setenta ancianos de Israel – pero solo Moisés debía estar en la presencia inmediata del Señor (24:2). El monte estaba cubierto por una nube, desde la cual Yahvé le habló a Moisés. “Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte: y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches” (24:18).

Yahvé le dio a Moisés la ley del Tabernáculo (capítulos 25-27 y capítulo 30) y la del sacerdocio (capítulos 28-29). Yahvé le habló a Moisés de los artesanos que había escogido para construir el Tabernáculo y su mobiliario (capítulo 31). Yahvé también enfatizó la importancia de guardar el Sábado y le dio a Moisés las dos tabletas del pacto (capítulo 31).

Capítulos 32-34 relatan la historia del Becerro de Oro, la intercesión de Moisés para salvar el pueblo de Israel, y la entrega de las dos tabletas que remplazaron las que Moisés rompió al descubrir que la gente se deleitaba alrededor del becerro de oro.

Capítulos 35-40 continúan con las instrucciones del Tabernáculo, los artesanos, y el sacerdocio – instrucciones que habían empezado en capítulo 25 y que siguen hasta el final de capítulo 31.

VERSÍCULOS 1-6: LEVÁNTATE, HAZNOS DIOSES

1Mas viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, allegóse entonces á Aarón, y dijéronle: Levántate, haznos dioses (hebreo: elohim) que vayan delante de nosotros; porque á este Moisés, aquel varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 2Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, y de vuestros hijos, y de vuestras hijas, y traédmelos. 3Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y trajéronlos á Aarón: 4El cual los tomó de las manos de ellos, y formólo con buril (hebreo: heret – herramienta de tallar), é hizo de ello un becerro (hebreo: egel – un becerro joven y macho pero casi completamente crecido) de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. 5Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta á Jehová (hebreo: YHWH – Yahvé). 6Y el día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos (hebreo: ola), y presentaron pacíficos (hebreo: selamim – ofrendas de paz): y sentóse el pueblo á comer y á beber, y levantáronse á regocijarse (hebreo: saheq).

“Mas viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte” (v. 1a). Moisés ya lleva en el monte mucho tiempo – cuarenta días y cuarenta noches (34:28). La gente no sabe cuando regresará, y se preocupa de que haya estado fuera tanto tiempo.

“allegóse entonces á Aarón, y dijéronle: Levántate, haznos dioses (elohim) que vayan delante de nosotros” (v. 1b). Ya que Moisés no está, la gente se acerca a Aarón, siendo él segundo a Moisés. También, Yahvé ha designado a Aarón y a sus hijos como sacerdotes (28:1, 4, 41), y los sacerdotes son los responsables de las prácticas de alabanza.

En Egipto, los israelitas habían visto muchos dioses egipcios, muchos de ellos representados por la imagen de un animal o un humano con cabeza de animal. Habían visto los egipcios alabando estos dioses, y puede ser que algunos israelitas también los alabaran.

Ahora llegan a Aarón (algunos eruditos traducen esto como “se reunieron contra Aarón,” lo cual sugiere antagonismo hacia Aarón), diciéndole que haga dioses para ellos – dioses que se hagan cargo del liderazgo que perciben vacío debido a la falta de Moisés. Aunque Aarón es segundo a Moisés, nunca ha sido un líder fuerte.

La gente quiere dioses (elohim) “que vayan delante de nosotros” – que les saquen del desierto y les lleven a un lugar mejor. “Elohim” es una palabra general para hablar de dioses que a veces se usa en la Escritura Hebrea con el artículo definido (“el Dios”) para referirse a Yahvé. En este caso, sin embargo, los israelitas no le piden a Aarón que construya Yahvé. Le piden que haga dioses como los que habían visto en Egipto.

Eruditos debaten si elohim en este caso es singular (un dios) o plural (dioses), pero la mayoría concuerda que es plural.

Esto va en contra del segundo mandamiento “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra: No te inclinarás á ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, sobre los terceros y sobre los cuartos, á los que me aborrecen, y que hago misericordia en millares á los que me aman, y guardan mis mandamientos” (20:4-6).

Aunque los israelitas todavía no han visto los mandamientos por escrito (Moisés rompe las tabletas al verles regocijar alrededor de su becerro de oro) (32:19), Moisés sí se los ha transmitido de forma hablada, y ellos han prometido obedecer (24:3).

“porque á este Moisés, aquel varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido” (v. 1c). Al ver la pirotécnica en el monte (truenos, relámpagos, etcétera), los israelitas deben preguntarse si Moisés ha muerto. Si aún vive, ¿por qué no ha vuelto? Si está muerto, ¿qué va a ser de ellos?

Estos israelitas son gente poco sofisticada que hacía poco tiempo había sido esclava en Egipto. Aunque Moisés no sea su único líder, Aarón es obviamente de menor categoría que Moisés – y los setenta ancianos (24:1, 9) todavía no han demostrado ningún liderazgo. Si Moisés está muerto, ¿quién se hará cargo de ellos?

Está claro que los israelitas han tenido muchas pruebas de que Yahvé es su verdadero líder y de que Yahvé les protegerá. Yahvé inició las plagas que hicieron posible su salida de Egipto. Yahvé les hizo posible cruzar el Mar Rojo para escapar del ejército egipcio. Yahvé les guió como columna de nube durante el día y columna de fuego por la noche. Yahvé les dio comida y agua en el desierto.

Sin embargo, estos israelitas no han visto la cara de Yahvé – y quieren un líder al que puedan ver con sus propios ojos y sentir con sus manos.

“Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, y de vuestros hijos, y de vuestras hijas, y traédmelos” (v. 2). Esto presenta a Aarón como un líder débil – extremadamente débil. Moisés ha mostrado un liderazgo fuerte, pero Aarón no sigue su ejemplo. No regaña a los israelitas por su inclinación idólatra, e inmediatamente hace lo que le piden.

Los israelitas tienen joyas abundantes porque Yahvé les mandó recolectar oro y plata antes de salir de Egipto (3:22; 11:2). En 3:22, Yahvé les mandó poner las joyas sobre sus hijos e hijas. Pero en 11:2, hombres piden a otros hombres sus joyas, y mujeres se las piden a otras mujeres – esto sugiere que ambos hombres y mujeres las llevan puestas.

El propósito de Yahvé al decirles que coleccionaran joyas egipcias era para que tuvieran los metales preciosos necesarios para construir el Tabernáculo. No necesitarían plata para regatear por comida con tribus nómadas. Yahvé proveyó por sus necesidades por medios milagrosos.

Aarón les dice a las mujeres, hijos, e hijas que se quiten los zarcillos de oro – pero no se lo dice a los hombres. Quizá piensa tener bastante oro sin pedirles a los hombres que entreguen el suyo.

“Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y trajéronlos á Aarón” (v. 3). Esta frase “todo el pueblo,” no significa necesariamente que todo israelita cumple con lo que se le pide. Después de que Moisés regrese del monte y descubra el Becerro de Oro, preguntará, “¿Quién es de Jehová?” y “juntáronse con él todos los hijos de Leví” (32:26). ¿Fueron ellos cómplices de esta idolatría desde el principio solo para arrepentirse al ver la ira de Moisés? O, ¿se habían negado a participar desde el principio? No podemos saberlo.

Una vez terminado este debacle, Yahvé mandará a los israelitas que se quiten sus adornos. Entonces, “los hijos de Israel se despojaron de sus atavíos desde el monte Horeb” (Sinaí) (33:4-6).

“El cual los tomó de las manos de ellos, y formólo con buril” (heret – herramienta para tallar) (v. 4a). La palabra heret sugiere una imagen tallada en lugar de fundida. Puede que Aarón haya echado el oro fundido en un molde y usado una herramienta para terminar el trabajo. Otra posibilidad es que haya martillado el oro hasta tener hojas de oro para cubrir una figura de madera en forma de becerro.

De todos modos, la palabra hebrea masseka en versículo 8 sugiere una imagen fundida.

El método de construcción no tiene importancia. El problema aquí es la idolatría.

“é hizo de ello un becerro (egel – un ternero casi crecido) de fundición” (v. 4b). En general, la palabra “becerro,” es correcta, pero esta palabra proyecta la imagen equivocada. Nos hace pensar de un ternero pequeño mamando de su madre – una criatura débil e indefensa.

Pero la palabra egel sugiere algo diferente – un becerro joven – aún no tan fuerte como un toro maduro, pero fuerte de todos modos – y haciéndose aún más fuerte. Quizá Aarón había visto algún dios egipcio representado de esta manera y está siguiendo ese modelo. De cualquier manera, este becerro proyecta fuerza en lugar de debilidad.

“Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto” (v. 4c). Anote la similitud entre este versículo y “Yo soy JEHOVA (hebreo: YHWH – Yahvé) tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos” (20:2). La gente atribuye al Becerro de Oro lo que solo se le puede atribuir a Yahvé.

Son los israelitas – no Aarón – los que dicen estas palabras. Le rinden a esta imagen grabada el crédito del trabajo de Yahvé – liberar Israel de la esclavitud egipcia.

“Es irónico que esto ocurra al mismo tiempo que Dios le está dando a Moisés las instrucciones para el tabernáculo, el cual representará la presencia de Dios en Israel” (Waldemar Janzen).

Más adelante, después de dividirse el reino entre norte (Israel) y sur (Judá), el Rey Jeroboam de Israel hará dos becerros de oro. Pondrá uno en Dan y otro en Beth-el (los extremos norte y sur de su reino, diciendo “Harto habéis subido á Jerusalén: he aquí tus dioses, oh Israel, que te hicieron subir de la tierra de Egipto” (1 Reyes 12:28-29). Algunos eruditos piensan que el plural de “dioses” en 32:4c se deriva de la historia de Jeroboam, pero eso es solo conjetura.

“Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro” (v. 5a). Aarón continúa siendo cómplice de esta idolatría. Edifica un altar que cumple dos propósitos. Primero, les da a los israelitas un lugar donde enfocar su alabanza. Segundo, les da a los “dioses” un lugar en el que pueden recibir ofrendas.

“y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta á Jehová” (YHWH – Yahvé) (v. 5b). Aarón parece estar incómodo tomando parte en esta idolatría. Declara una fiesta dedicada, no al becerro, sino a Yahvé. Aarón está tratando de convencer a la gente que abandone la idolatría del Becerro de Oro para alabar a Yahvé.

Pero tratar de conciliar idolatría con alabar a Yahvé es fútil. No es posible alabar a Yahvé e imágenes grabadas al mismo tiempo. Yahvé ha prohibido, específicamente, las imágenes grabadas (20:4).

Podemos preguntarnos cómo es que alguien podría alabar una imagen grabada después de haber vivido la presencia y la providencia de Dios, pero aún hoy hay gente sofisticada que lo sigue haciendo. Los que invierten en oro siguen la subida y bajada de su precio como si fuera un dios. Otros codician las imágenes de Washington, Lincoln, Hamilton, y Jackson que aparecen en nuestra moneda. Otros se arrodillan ante el altar de productos prestigiosos: relojes de rolex, automóviles lexus, etcétera. Hoy hay gente que alaba (y ésta no es una palabra demasiado fuerte para describirlo, yo creo) a las celebridades, sean atletas o estrellas de cine o autores – hasta científicos – y hasta a los pastores de las mega iglesias.

Cuando Moisés confronta a Aarón más adelante, Aarón ofrecerá una excusa estúpida diciendo que el pueblo israelí “es inclinado á mal” (32:22) – y que él simplemente había echado el oro al fuego, “y salió este becerro” (32:24). Su intento de esquivar responsabilidad muestra que Aarón se da cuenta que ha participado en actividades prohibidas – que es culpable.

Y el día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos” (ola) (v. 6a). Capítulo 27 especificó la construcción del altar del Tabernáculo y los holocaustos que debían ofrecérsele a Yahvé (27:1-8). Los israelitas están haciendo los sacrificios correctos pero ofreciéndolos al dios equivocado – deben estar haciendo ofrendas a Yahvé en lugar de hacérselas al Becerro de Oro.

En versículo 5, Aarón proclamó que éste sería un día para honrar a Yahvé, pero eso no es lo que pasa (véase v. 8).

“y presentaron pacíficos” (selamim – ofrendas de paz) (v. 6b). Levítico detalla tres tipos de ofrendasselamim: (1) El hacimiento de gracias, (2) la ofrenda devocional (neder), y (3) la ofrenda de libre albedrío (nedaba) (Levítico 7:11-18).

Las ofrendas de selamim son para ser consumidas por la gente. Por eso, los holocaustos (ola) (v. 6a) y las ofrendas de paz (selamim) (v. 6b) “suelen emparejarse en los ritos bíblicos porque ola era el sacrificio que constituía el alimento de la deidad, mientras que selamim era el alimento de la gente (Anderson, “Sacrifices and Offerings,” Eerdmans Dictionary of the Bible).

“y sentóse el pueblo á comer y á beber” (v. 6c). Después de una ofrenda de selamim es completamente normal comer y beber, ya que esas ofrendas son para ser consumidas por la gente. El único problema aquí es que la gente ha hecho sus ofrendas de selamim al Becerro de Oro en lugar de a Yahvé.

“y levantáronse á regocijarse” (saheq) (v. 6d). Esta palabra, saheq, se puede traducir como “jugar,” y puede sugerir actividad sexual. Versículo 25 dice que la gente ha estado comportándose de manera salvaje, lo cual sugiere que el regocijar de versículo 6d se ha convertido en orgía.

Más adelante, el salmista describe esta escena de esta manera:

“Hicieron becerro en Horeb, Y encorváronse á un vaciadizo.

Así trocaron su gloria por la imagen de un buey que come hierba.

Olvidaron al Dios de su salud, que había hecho grandezas en Egipto;

Maravillas en la tierra de Châm, cosas formidables sobre el mar Bermejo.

Y trató de destruirlos,

A no haberse puesto Moisés su escogido al portillo delante de él,

A fin de apartar su ira, para que no los destruyese” (Salmo 106:19-23).

VERSÍCULOS 7-10: TU PUEBLO SE HA CORROMPIDO

7Entonces Jehová dijo á Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de tierra de Egipto se ha corrompido: 8Presto se han apartado del camino que yo les mandé, y se han hecho un becerro de fundición (hebreo: masseka), y lo han adorado, y han sacrificado á él, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. 9Dijo más Jehová á Moisés: Yo he visto á este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz: 10Ahora pues, déjame que se encienda mi furor en ellos, y los consuma: y á ti yo te pondré sobre gran gente.

“Entonces Jehová dijo á Moisés: Anda, desciende” (v. 7a). Estas palabras transmiten urgencia. Yahvé rompe con la entrega de la ley y le dice a Moisés que baje el monte rápidamente.

“porque tu pueblo que sacaste de tierra de Egipto se ha corrompido” (v. 7b). En el pasado, Yahvé hablaba de esta gente como “mi pueblo” (3:7, 10; 5:1; 6:7; 7:4, 16, etcétera) – pero ahora se refiere a los israelitas como “tu pueblo” – el pueblo de Moisés – el pueblo al que Moisés sacó. Se parece a lo que un padre frustrado le puede decir a su esposa – “tu hijo hizo esto y lo otro.” Es señal de que Dios ha decidido repudiar a los israelitas ya que han roto la relación del pacto, librando a Yahvé de cualquier obligación en su parte del trato.

“Presto se han apartado del camino que yo les mandé, y se han hecho un becerro de fundición(masseka), y lo han adorado, y han sacrificado á él, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto” (v. 8). Yahvé describe exactamente lo que hemos visto en versículos 1-6.

Aunque la palabra hebrea heret en versículo 4a sugiere que la imagen es tallada, la palabra masseka en este versículo sugiere una imagen fundida.

“Dijo más Jehová á Moisés: Yo he visto á este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz”(v. 9). La frase “dura cerviz” viene de un ambiente agrícola donde un granjero usa animales, como los bueyes, para tirar del arado. El granjero tira de una cuerda a un lado de la cabeza del animal para hacerle girar. Un animal obediente responde con un leve tirar de la cuerda. Sin embargo, animales de dura cerviz ignoran este tirar y van adonde quieren. Dura cerviz no describe un mal del cuello, sino una actitud mental. Un animal de dura cerviz (o una persona) es terco y rebelde.

“Ahora pues, déjame” (v. 10a). Aquí empieza la justicia de Yahvé sobre los israelitas. Yahvé le manda a Moisés no interferir con los planes de Yahvé – pero es extraño que Yahvé le hablara a Moisés de esta manera. Moisés no tiene la fuerza para interferir en los planes de Yahvé. Si Yahvé quiere destruir a los israelitas, Moisés no puede hacer nada para impedirlo.

Pero a veces cuando alguien dice, “¡No trates de impedírmelo!” lo que está diciendo de verdad es que desea oír una buena razón para no seguir adelante con lo que piensa hacer. Esto puede ser lo que ocurre aquí. Yahvé le manda a Moisés no interferir, pero parece invitarle a hacerlo.

“que se encienda mi furor en ellos, y los consuma” (v. 10b). Aquí Yahvé declara sus intenciones para los israelitas que están al pie del monte. Está furioso y piensa dar rienda suelta a su ira – consumir a esta gente – destruirla.

“y á ti yo te pondré sobre gran gente” (v. 10c). Esto debe sorprender a Moisés. Yahvé piensa destruir a los israelitas, pero también pretende bendecir a Moisés haciendo de él una gran nación. Esta es la misma promesa que Yahvé antes le hizo a Abram (Génesis 12:2) – una promesa que Yahvé cumplió a través de los descendientes de Abraham, Isaac, y Jacobo. Ahora Yahvé propone empezar de nuevo, construyendo una nación de la nada empezando con Moisés – igual que hizo con Noé.

¿Sería Yahvé infiel a Abraham si destruyera ahora a los israelitas y comenzara de nuevo con Moisés? Hay eruditos que piensan que sí, pero yo no lo veo así. Moisés es descendiente de Abraham. Si Yahvé hace una gran nación de Moisés, también la estaría haciendo de Abraham – cumpliendo la promesa que le hizo a Abraham.

Esto debe tentar mucho a Moisés. Si Yahvé cumple con su amenaza de destruir a los israelitas, Moisés quedaría libre de su cargo de liderazgo. No es poca cosa, porque esta gente ha sido difícil de dirigir.

Otra tentación aún más grande es que Yahvé le promete a Moisés un lugar en la historia. Si Yahvé sigue adelante con su plan, Moisés se convertirá en el gran hombre por medio de cuyos descendientes Yahvé bendecirá el mundo.

VERSÍCULOS 11-14: ENTONCES MOISÉS ORÓ A JEHOVÁ SU DIOS

11Entonces Moisés oró á la faz de Jehová (hebreo: YHWH – Yahvé) su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor en tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran fortaleza, y con mano fuerte? 12¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la haz de la tierra? Vuélvete del furor de tu ira, y arrepiéntete del mal de tu pueblo. 13Acuérdate de Abraham, de Isaac, y de Israel tus siervos, á los cuales has jurado por ti mismo, y dícholes: Yo multiplicaré vuestra simiente como las estrellas del cielo; y daré á vuestra simiente toda esta tierra que he dicho, y la tomarán por heredad para siempre. 14Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo (hebreo: yyinnahem – de naham – se arrepintió) que había de hacer á su pueblo.

“Entonces Moisés oró á la faz de Jehová (YHWH – Yahvé) su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor en tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran fortaleza, y con mano fuerte?” (v. 11). En versículo 7 Yahvé llamó a esta gente “tu pueblo” – el pueblo de Moisés. Ahora Moisés le da la vuelta llamándola “tu pueblo” – el pueblo de Yahvé. Moisés no le dice a Yahvé directamente que rechaza el honor que le hizo en versículo 10c, pero sí lo implica cuando empieza a defender a los israelitas.

En este versículo, Moisés ofrece la primera de tres buenas razones por las que Yahvé debe mostrar misericordia con los israelitas. Le recuerda a Yahvé que Yahvé los sacó de Egipto “con gran fortaleza y con mano fuerte.” Yahvé tiene historia con esta gente y ha invertido en su bienestar. No debe abandonarla tan fácilmente. En versículos 12 y 13, Moisés dará dos razones más por las que Yahvé no debe destruir a los israelitas que han pecado.

Más adelante, Moisés intercederá con Yahvé en otras dos ocasiones. En el primer caso, le pedirá a Yahvé que perdone los pecados de los israelitas, o, que elimine el nombre de Moisés del libro de Yahvé (Éxodo 32:30-32). Al hacer esto, Moisés arriesga su vida eterna. En el segundo caso, reconocerá que Yahvé está tratando con gente de dura cerviz, pero le ruega que perdone su iniquidad y que la tenga por herencia (34:9).

“¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la haz de la tierra? Vuélvete del furor de tu ira, y arrepiéntete del mal de tu pueblo” (v. 12). Esta es la segunda razón por la que Yahvé debe cambiar de opinión y perdonar a los israelitas. Yahvé los ha sacado de Egipto públicamente. Todos, especialmente los egipcios, saben lo que Yahvé ha hecho. Yahvé ha dejado claro que ésta es su gente y que él es su Dios. Si Yahvé ahora destruye a los israelitas, el mundo entero lo pensará falso y caprichoso.

“Acuérdate de Abraham, de Isaac, y de Israel tus siervos, á los cuales has jurado por ti mismo, y dícholes: Yo multiplicaré vuestra simiente como las estrellas del cielo; y daré á vuestra simiente toda esta tierra que he dicho, y la tomarán por heredad para siempre” (v. 13). Esta es la tercera razón por la que Yahvé no debe destruir a los israelitas. Yahvé ha hecho un juramento con los patriarcas, Abraham, Isaac, e Israel (Jacobo). Ha prometido multiplicar sus descendientes y entregarles la Tierra Prometida. Yahvé tiene un deber, no solo hacia los patriarcas, pero hacia sí mismo también. Debe mantener su integridad cumpliendo la promesa que antes hizo a los patriarcas.

“Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo (hebreo: de naham – se arrepintió) que había de hacer á su pueblo” (v. 14). En la Escritura Hebrea, la palabra naham se usa más para hablar de Dios que de personas (Génesis 6:6-7; Jueces 2:18; 1 Samuel 15:11; 1 Crónicas 21:15; Jeremías 18:7-10; 26:3, 19; Amos 7:3, 6; Jonás 3:10). La ira de Dios puede crecer, pero su propósito es salvar en lugar de destruir. Si la gente se arrepiente de sus pecados, Dios se arrepentirá de su juicio.

Pero no debemos pensar que Dios jamás impondrá un juicio severo. En este caso se arrepiente de sus intenciones de destruir por completo a los israelitas, pero sí trae una plaga sobre ellos (32:34-35) – un juicio menor, pero un juicio serio.

POSDATA:

Como se anota arriba, Moisés había estado recibiendo instrucciones acerca del Tabernáculo y su mobiliario cuando Yahvé de repente le dijo que bajara el monte para confrontar los israelitas malvados (véanse capítulos 25-31). En cuanto se resuelve el incidente del Becerro de Oro y Moisés hace tabletas nuevas (capítulo 34) para reemplazar las que rompió con furia (32:19), Yahvé continúa con las instrucciones para el Tabernáculo (capítulos 35-40).

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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