Éxodo 20:01-202017-03-22T04:45:53+00:00

PASAJE BÍBLICO

Éxodo 20:01-20

 

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

EL CONTEXTO:

Moisés sacó al pueblo de Israel de su esclavitud en Egipto, como Yahvé le había instruido (Éxodo 13-15). A pesar de esto, el trayecto era difícil y la gente se quejaba a menudo. Se quejaba de la amenaza de los soldados egipcios en el mar Rojo (Éxodo 14) – y del agua amarga en Mara (15:22-27) – y de la falta de pan y carne (Éxodo 16) – y de la falta de agua en Rephidim (17:1-7). Cada vez, Yahvé les dio lo que necesitaban – les salvó en el Mar Rojo – les dio agua dulce en Mara – maná y codornices – y agua en Rephidim.

Entonces, “Al mes tercero de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en aquel día vinieron al desierto de Sinaí” (19:1). Este desierto es la zona cerca del monte de Sinaí – no sabemos con exactitud donde se encuentran sus fronteras. Se llama desierto porque es un desierto. No tiene casi nada que pueda sostener vida – y obviamente no tiene suficiente para mantener a cientos de miles de personas. Ahora, los israelitas dependen completamente de Yahvé para sobrevivir.

Yahvé le recordó al pueblo de Israel como les había salvado, y prometió: “Ahora pues, si diereis oído á mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros seréis mi reino de sacerdotes, y gente santa.” (19:5-6a). La gente dijo que obedecería (19:8), entonces, Yahvé les pidió que se prepararan para un servicio de consagración (19:9b-15), lavando sus ropas y absteniéndose de relaciones sexuales. Yahvé le dijo a Moisés que avisara a la gente para que no tocara el monte, y dictaminó que cualquiera que violara esa orden sería apedreado (19:12-13).

En una teofanía (aparición de Dios) que incluye truenos, relámpagos, el estallido de trompetas, humo, y fuego, Yahvé apareció ante Moisés y el pueblo de Israel (19:16-25). Yahvé permitió que Moisés llevara a Aarón con él al monte santo, pero le dijo a Moisés que avisara a la gente que no debía acercarse demasiado al monte “porque no haga en ellos estrago” (19:24).

Esto marca un giro en la vida de Israel. Hasta ahora, el libro de Éxodo se ha enfocado en la acción salvadora de Yahvé para sacar Israel de la esclavitud en Egipto. Ahora, el énfasis pasa a la relación del pacto entre Yahvé e Israel – y las responsabilidades de Israel con Yahvé para cumplir su parte del pacto.

La repetición de estos mandamientos en Deuteronomio 5:6-21 denota su importancia. Sin embargo, no es la entrega completa de la ley. Eso comienza en Éxodo 20 y continúa hasta Éxodo 31. Después, la entrega de la ley continúa en Éxodo 35-40 (capítulo 40 es el último capítulo de Éxodo). Los libros de Levítico y Números también incluyen, en gran parte, la entrega de la ley, y Deuteronomio es una repetición de la ley.

DIEZ PALABRAS (MANDAMIENTOS):

En general nos referimos a Éxodo 20:2-17 como los Diez Mandamientos. Este título no aparece en este texto, pero sí aparece más adelante en otros tres versículos (Éxodo 34:28; Deuteronomio 4:13; 10:4). La palabra hebrea que traducimos como “mandamientos” en esos versículos es debarim, que frecuentemente se traduce como “palabras.” Como pronto veremos, la distinción entre Diez Palabras y Diez Mandamientos es significante, porque los judíos piensan de versículo 2, que no aparece en forma de mandamiento, como la primera de las Diez Palabras.

Judíos y cristianos están de acuerdo en que existen diez palabras o mandamientos – pero los numeran de forma diferente:

• LOS JUDÍOS piensan de versículo 2, “Yo soy JEHOVA tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos,” como la primera palabra. Aunque este versículo no está en forma de mandamiento, forma la base de los mandamientos. Para llegar a diez palabras o mandamientos, los judíos toman versículos 3-6 como la segunda palabra y versículo 17 como la décima palabra.

• LOS CATÓLICOS (y algunos protestantes) cuentan versículos 3-6 como el primer mandamiento. Entonces, dividen versículo 17 en dos mandamientos – el noveno y el décimo – uno, la prohibición de codiciar la casa del prójimo y otro, la prohibición de codiciar la mujer, el criado, los animales, o cualquier otra cosa que le pertenezca al vecino.

• LA MAYORÍA DE LOS PROTESTANTES piensan de versículo 3 como el primer mandamiento y versículos 4-6 como el segundo. No separan versículo 17 en dos, y lo consideran el décimo mandamiento.

Para resumir, estos tres grupos numeran los mandamientos de la siguiente manera:

MANDAMIENTO
JUDÍO
CATÓLICO
PROTESTANTE
1v

v. 2

vv. 3-6
v. 3
2

v. 3-6

v. 7
vv. 4-6
3

v. 7

vv. 8-11
v. 7
4

v. 8-11

v. 12
vv. 8-11
5

v. 12

v. 13
v. 12
6

v. 13

v. 14
v. 13
7

v. 14

v. 15
v. 14
8

v. 15

v. 16
v. 15
9

v. 16

v. 17a
v. 16
10

v. 17

v. 17b
v. 17

Más adelante Dios le dará estos mandamientos a Moisés en dos tabletas de piedra (Éxodo 31:18). Solemos pensar de la primera tableta con los primeros cuatro mandamientos (o cinco, según el sistema de numeración). Estos primeros mandamientos tienen un enfoque vertical – la relación entre Israel y Dios. Pensamos de la segunda tableta con los últimos seis (o cinco) mandamientos, con un enfoque horizontal – la relación entre Israel y la gente de la comunidad del pacto.

Tres de las palabras o mandamientos (vv. 5, 7, 11) contienen una clausula con “porque,” que explican la razón por las palabras o mandamientos.

Una de las palabras o mandamientos (v. 12) ofrece un incentivo para obedecer – “porque tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.”

VERSÍCULOS 1-2: YO SOY JEHOVA TU DIOS

1Y habló Dios (hebreo: elohim) todas estas palabras (hebreo: debarim), diciendo: 2Yo soy JEHOVA tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos.

“Y habló Dios (elohim) todas estas palabras” (debarim) (v. 1). Hay dos hechos que sugieren que Dios dijo estas palabras directamente a la gente en vez de a través de Moisés. Primero, la gente se ha reunido al pie del monte (19:17). Segundo, después de que Dios habla las palabras o mandamientos, la gente teme y le dice a Moisés, “Habla tú con nosotros, que nosotros oiremos; mas no hable Dios con nosotros, porque no muramos” (20:19).

Este versículo enfatiza que Dios es el que dice estas palabras.

“Yo soy JEHOVA (YHWH – Yahvé) tu Dios (elohim), que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos” (v. 2). Como se anota arriba, los judíos consideran este versículo como la Primera de las Diez Palabras, porque establece la fundación sobre la cual se basan todas las otras palabras o mandamientos. Los cristianos también reconocen la naturaleza de este versículo, pero lo consideran más como un prólogo, y versículo 3 (o vv. 3-6) como el primer mandamiento.

En este versículo Yahvé establece su identidad (“Jehová tu Dios”) e implica la identidad de los israelitas (el pueblo de Yahvé). Yahvé también les recuerda su reciente historia de salvación – él les sacó de la esclavitud egipcia.

VERSÍCULOS 3-6: NO TENDRÁS DIOSES AJENOS DELANTE DE MÍ

3No tendrás dioses (hebreo: elohim) ajenos delante de mí. 4No te harás imagen (hebreo: pesel – imagen tallada o gravada), ni ninguna semejanza (hebreo: temuna – parecido o imagen) de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra: 5No te inclinarás á ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, sobre los terceros y sobre los cuartos, á los que me aborrecen (hebreo: sone – odian), 6Y que hago misericordia (hebreo: hesed – merced, bondad, amor) en millares á los que me aman, y guardan mis mandamientos.

“No tendrás dioses (elohim) ajenos delante de mí” (v. 3). Este versículo no se refiere al monoteísmo – un solo Dios. No ha pasado mucho tiempo desde que los israelitas salieron de Egipto, donde los egipcios alababan a muchos dioses (Anat, Isis, Osirus, Ra, y otros). Este mandamiento no requiere que los israelitas crean en un solo Dios, pero sí requiere que no pongan a ningún otro dios antes que (o junto a) a Yahvé. Esto marca la reivindicación única y exclusiva que Yahvé tiene sobre Israel, con quien Yahvé ha establecido un pacto. En ese sentido, este versículo se compara con la exclusividad sexual que un esposo reclama sobre su esposa – o una esposa sobre su esposo.

“No te harás imagen (pesel – imagen tallada o gravada), ni ninguna semejanza (temuna –parecido o imagen) de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra: No te inclinarás á ellas, ni las honrarás” (v. 4-5a). La combinación de estas dos palabras pesely temuna, dejan claro que los israelitas no deben crear ninguna imagen que pueda convertirse en objeto de veneración o alabanza.

El tiempo que pasaron en Egipto les había expuesto a muchas imágenes – objetos de veneración. Los egipcios tenían imágenes que consideraban objetos de alabanza para cada uno de sus numerosos dioses.

“La razón por que los ídolos se presentan de manera tan negativa en la Biblia es porque representan las religiones de las naciones, de las cuales ha de separarse el Israel del Antiguo Testamento y la naciente cristiandad. En el Antiguo Testamento, el libro de Deuteronomio incluye la creación de ídolos como una de las abominaciones de las naciones que los hebreos deben reemplazar en Israel (Deuteronomio 7:5, 25; 13:3; 29:17)… Los libros proféticos también presentan la idolatría como un aborrecimiento extranjero… (Isaías 19:1, 3; 46:1)… (Jeremías 50:2, 38; 51:52)… La misma opinión se encuentra en los Salmos (Salmos 96:5; 106:38; 135:15) y en el Nuevo Testamento, particularmente en Hechos (17:16) y en las cartas de Pablo (1 Corintios 8)” (Ackerman).

¿Prohíbe este versículo las imágenes de Yahvé? Eruditos están divididos en este tema. Algunos dicen que el mandamiento prohíbe toda imagen, incluyendo imágenes de Yahvé. Otros se refieren a versículo 3 y la prohibición de otros dioses, concluyendo que versículo 4 solo prohíbe las imágenes de otros dioses.

Este versículo NO prohíbe la fabricación de todo objeto o imagen sagrada. En Éxodo 25-40 Yahvé da detalles para la fabricación de un tabernáculo y su mobiliario, incluyendo el Arca del Pacto con su alado Asiento de la Merced – cortinas de lino “hecho de primorosa labor, con querubines” (26:31; 36:8, 35). Sin embargo, éstos y otros objetos sagrados facilitan la alabanza a Yahvé, y no se deben convertir en objetos de alabanza.

“porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso” (v. 5b). Esta es la primera de las cláusulas que empiezan con “porque” y explican cada palabra o mandamiento particular.

Puede que la palabra “celoso” no sea la mejor para usar aquí ya que generalmente usamos esa palabra para describir a una persona insegura que teme perder algo. Yahvé no es inseguro, pero tiene sentimientos profundos hacia Israel que no toleran infidelidad. Muchos eruditos traducirían la palabra como “ferviente.”

“que visito la maldad de los padres sobre los hijos, sobre los terceros y sobre los cuartos, á los que me aborrecen” (sone – odian) (v. 5c). Hoy, muchos se ofenden de que Yahvé castigara a hijos inocentes por los pecados de sus padres. Encontramos algo contrario en Ezequiel 18:2-4, donde Dios responde a la gente que dice que Dios les castiga por los pecados de sus padres. Ahí Dios respondió, “el alma que pecare, esa morirá.”

A pesar de esto, el tema de este versículo es que las acciones de los padres afectan a sus hijos. Padres que no tienen una relación con Dios a menudo (pero no siempre) producen hijos que tampoco la tienen, y esos hijos pueden esperar ser castigados por sus pecados.

Los pecados de una generación a menudo visitan a generaciones sucesivas. Padres adictos al alcohol o a las drogas suelen destruir sus hijos espiritual, psicológica, y físicamente. Tengo una amiga cuyo padre era alcohólico. Aunque su padre murió hace muchos años, ella todavía sufre por las heridas psicológicas que recibió durante la niñez. Nuestra familia conoce a una joven cuyos padres (jipis envejecidos) abusan el alcohol y las drogas. Esta joven está tratando de superar su herencia y hasta hoy no ha caído en el uso de drogas. Sin embargo, no parece poder liberarse de las ataduras de sus padres que la encierran en comportamiento disfuncional. Hijos cuyos padres son infieles o que abusan del juego o que se ven involucrados en comportamiento criminal se enfrentan con muchos de los mismos problemas.

Esto también funciona a mayor escala. Nosotros en América aún estamos pagando un precio muy alto por la decisión de nuestros antepasados de practicar la esclavitud. Nuestra generación actual gasta del déficit gubernamental, lo cual causará problemas fiscales y políticos que plagarán a nuestros hijos en el futuro. Naciones de todo el mundo sufren por el imperialismo de generaciones previas. Hoy pagamos el precio por los fallos de generaciones anteriores que no controlaron la contaminación. Nuestro excesivo uso de energía amenaza el bienestar de futuras generaciones. Etcétera, etcétera…

Entonces, se podría mirar el castigo de versículo 5 como una especie de ley natural – semejante a la ley de gravedad. Alguien ha dicho que no podemos romper la ley de gravedad, pero nosotros sí podemos rompernos si la ignoramos. Así es con nuestro comportamiento. Comportamiento lleva consecuencias, y esas consecuencias afectan a nuestros prójimos y a nuestros hijos tanto como a nosotros mismos.

Y que hago misericordia (hesed – merced, bondad, amor) en millares á los que me aman, y guardan mis mandamientos” (v. 6). La palabra hesed tiene varios significados – bondad, misericordia, cariño, merced, lealtad, o amor. “Cuando se refiere a Yahvé, hesed es fundamentalmente una expresión de su lealtad y su devoción a las promesas solemnes que acompañan el pacto… Aunque la mayoría de las veces que aparece la palabra hesed se traduce como ‘misericordia,’ aquí existen elementos innegables de ‘merced’ y ‘cariño’ que forman la base de cada una de estas ocurrencias” (Renn, 633-634).

Fíjese en el contraste entre “los terceros y los cuartos” de versículo 5c con “en millares” de este versículo. La maldición dura relativamente poco tiempo, pero la bendición dura mucho tiempo.

También anote el contraste entre “los que me aborrecen” (odian) de versículo 5c con “los que me aman, y guardan mis mandamientos” de este versículo.

La conexión entre “me aman” y “guardan mis mandamientos” sugiere que guardar los mandamientos es una muestra externa de afecto interno.

VERSÍCULO 7: NO TOMARÁS EL NOMBRE DE JEHOVÁ TU DIOS EN VANO

7No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.

“No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano” (v. 7a). El carácter y la identidad de Yahvé van unidos al nombre de Yahvé. Entonces, usar el nombre de Yahvé para hacer algo no honorable sería profanar su nombre. Gente no debe usar el nombre de Yahvé para garantizar algo que no piensa honrar. Esto incluiría usar el nombre de Yahvé en un juramento falso – o utilizar el nombre de Yahvé en conexión con cualquier tipo de engaño o actividad deshonrosa. Los clérigos deben escuchar esto con cuidado. Si usamos el nombre de Dios para manipular a los demás, eso sería un uso injusto del nombre de Dios.

Aunque los israelitas nunca usarían el nombre de Yahvé en un juramento porque sería tan extraño, eso sería, de todos modos, usar el nombre del Señor injustamente.

“porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano” (v. 7b). Esta es la segunda de las tres frases que empiezan con “porque” en estos versículos. Estas cláusulas nos dan las razones por las que una persona debe obedecer el mandamiento. En este caso, Yahvé les avisa que no absolverá a nadie que maltrate su nombre (no dejará nadie sin castigar).

VERSÍCULOS 8-11: GUARDA EL DÍA DEL REPOSO PARA SANTIFICARLO

8Acordarte has del día del reposo (hebreo: shabat), para santificarlo (hebreo: qadosh): 9Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; 10Mas el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios: no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas: 11Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: por tanto Jehová bendijo el día del reposo y lo santificó.

En los tres sistemas de numeración (judío, católico, y protestante), versículos 8-11 cuentan como una palabra o mandamiento. Es el más largo de los mandamientos.

“Acordarte has del día del reposo” (shabat) (v. 8a). La palabra hebrea shabat tiene más que ver con parar o cesar que con reposar. Ha llegado a significar reposo o descanso porque el cese del trabajo implica descanso.

“para santificarlo” (qadosh) (v. 8b). La palabra hebrea, qadosh, significa santo en que Dios ha apartado algo o alguien para un propósito santo. El sábado es santo, porque Dios lo ha establecido como día de descanso y alabanza. Israel es una nación santa porque Dios la escogió para ser el pueblo del pacto de Dios. El tabernáculo y el templo son santos porque Dios los ha apartado para ser lugares donde la gente puede alabar y estar en presencia de Dios. Sacerdotes y levitas son santos porque Dios los ha apartado para este tipo de servicio.

Toda santidad es derivativa – derivada de la santidad de Dios. El sábado es santo porque Dios lo ha hecho así.

Seis días trabajarás, y harás toda tu obra” (v. 9). Este versículo prepara el camino para versículo 10. Dice que hay seis días de trabajo – que Yahvé ha establecido seis días de trabajo como parte del orden creado de las cosas.

Este versículo no requiere que la gente trabaje seis días a la semana, pero tampoco permite que trabaje más de seis días a la semana.

“Mas el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios: no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas”(v. 10). Este versículo explica lo que significa honrar el sábado y mantenerlo santo. Requiere que no se trabaje el sábado.

Esta no es la primera vez que se menciona no trabajar el sábado. Cuando Yahvé empezó a proveerles maná, dijo, “Mas al sexto día aparejarán lo que han de encerrar, que será el doble de lo que solían coger cada día” (16:5). Por eso fue innecesario que la gente recogiera maná durante el sábado. Cuando algunas personas trataron de recoger maná el sábado, no hallaron ninguna (16:27). El Señor dijo, “Mirad que Jehová os dió el sábado, y por eso os da en el sexto día pan para dos días. Estése, pues, cada uno en su estancia, y nadie salga de su lugar en el séptimo día. Así el pueblo reposó el séptimo día” (19:29-30).

El mandamiento no solo concierna a los adultos israelitas, pero también a sus hijos, siervos y criados, animales, y cualquier extranjero que se encuentre entre ellos. Provisiones como éstas están ahí para eliminar cualquier confusión o excepción. Sin ellas, un israelita podría sentirse en su derecho de hacer del sábado un día de trabajo productivo, pidiéndoles a otros que hagan lo que a él no se le permite hacer personalmente.

El Mishnah (la ley oral) especificó treinta y nueve tipos de trabajo prohibidos durante el sábado, y los rabíes podían pronunciar sentencia en casos particulares. Se permitían ciertas excepciones, como actuar para salvar una vida.

Jesús se vio involucrado en seis controversias en las que fue acusado de trabajar durante el sábado. Cinco de ellas fueron curaciones, y una fue cuando sus discípulos recogieron trigo el sábado.

• En un caso, Jesús defendió haber sanado a un enfermo recordándoles a los fariseos que ellos rescataban animales heridos durante el sábado (Lucas 14:1-6).

• En otro caso (sin acusar a Jesús), Jesús les recordó a quienes le criticaban que ellos mismos circuncidaban a sus hijos varones el octavo día, aunque ese día cayese en sábado (Juan 7:21-24).

• Cuando los fariseos criticaron a Jesús por permitir que sus discípulos recogieran trigo el sábado, Jesús les recordó que David “entró en la casa de Dios…, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino á los sacerdotes, y aun dió á los que con él estaban”(Marcos 2:25-26). Y entonces añadió: “El sábado por causa del hombre es hecho; no el hombre por causa del sábado. Así que el Hijo del hombre es Señor aun del sábado”(Marcos 2:27-28).

La temprana iglesia pronto adoptó el primer día de la semana (en lugar del séptimo) como día de alabanza, porque Jesús resucitó de la muerte el primer día de la semana. El apóstol Pablo, respondiendo a la controversia acerca de la observación del sábado, dejó claro que a los cristianos se les permite observar o no observar el sábado. Sin embargo, si deciden observarlo, lo han de hacer para honrar al Señor Jesús (Romanos 14:5-6).

“Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: por tanto Jehová bendijo el día del reposo y lo santificó” (v. 11). Génesis 2:1-4 concluye el primer relato de creación, y dice que Dios descansó el séptimo día “Y bendijo Dios al día séptimo, y santificólo, porque en él reposó de toda su obra que había Dios criado y hecho” (2:3). No es probable que Dios hiciera esto por estar cansado, sino por dar ejemplo a los israelitas, a quienes requeriría mantener el sábado como día santo.

VERSÍCULO 12: HONRA Á TU PADRE Y Á TU MADRE

12Honra á tu padre y á tu madre, porque tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.

Todos los mandamientos anteriores se enfocaban en honrar a Dios. Este es el primero que se enfoca en las relaciones entre seres humanos. Porque la familia es la piedra angular de la sociedad y el lazo entre hijos y padres es tan fundamental, Dios escogió honrar a los padres como el primer mandamiento dirigido a seres humanos.

“Honra á tu padre y á tu madre” (v. 12a). Anote el estatus equitativo entre padres y madres, un increíble pedacito de legislación para la sociedad patriarcal de aquel entonces.

La mayor parte de eruditos está de acuerdo con que este mandamiento se dirigía a adultos en lugar de dirigirse a niños. La preocupación principal con este mandamiento era que los hijos crecidos cuidaran por las necesidades de sus padres ancianos. Su sistema requería que padres ancianos entregaran su propiedad (generalmente tierra y animales) a sus hijos crecidos, y esos hijos se hacían responsables del cuidado de sus padres.

Jesús llamó la atención al hecho de que algunos hijos saltaban ese requisito declarando que le habían dado a Dios cualquier apoyo que el padre hubiera recibido del hijo. Jesús denunció esta práctica, diciendo que aquéllos que la practicaran anulaban la ley de Dios en favor de sus propias tradiciones (Marcos 7:11-13).

Aunque la primera preocupación de este mandamiento es el apoyo económico de los padres ancianos, no haríamos bien dejándolo ahí. Hay otras maneras para honrar a nuestros padres. Una es tomar tiempo para visitarles o hablar con ellos. Otra es recordar los días especiales, como su cumpleaños o los días festivos, compartiendo esos días con ellos. Las posibilidades solo las limita la imaginación.

“porque tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da” (v. 12b). El autor de Efesios llama este mandamiento “el primer mandamiento con promesa” (Efesios 6:2) – y ésta es la promesa. Yahvé les lleva hacia la Tierra Prometida. Si quieren disfrutar su tiempo en ese lugar santo por mucho tiempo, deben honrar a sus padres y sus madres.

VERSÍCULO 13: NO MATARÁS

13No matarás (hebreo: tirsah – asesinarás).

La intención de este mandamiento era proteger Israel, la comunidad del pacto, contra matanza sin sentido. Su intención no era prohibir la pena de muerte o matar en caso de guerra.

La traducción anterior de este versículo creó confusión, porque parecía prohibir todo tipo de matanza – o por lo menos toda manera de tomar una vida humana. Esto no era su intención. La palabra tirsah tiene que ver con matar sin autorización legal – una matanza que resulta de malicia u odio – lo que hoy llamaríamos asesinato. El hecho que se permiten ciertos tipos de matanza se atestigua con dos hechos:

• Ley judía manda la pena de muerte por varias ofensas (Éxodo 22:19; Levítico 18:22; 20:13-16; 20:11-14; Números 35:16-21, 30-33; Deuteronomio 17:6; 22:20-24, etc.).

• Yahvé también mandó que los israelitas entraran en la Tierra Prometida y mataran a sus habitantes (Josué 6:17, etcétera).

De todos modos, aunque este mandamiento no prohíba la pena de muerte, matar en defensa propia, o matar en caso de guerra, sí ofrece bastante protección contra un asesinato sin sentido y basado en malicia u odio.

VERSÍCULO 14: NO COMETERÁS ADULTERIO

14No cometerás adulterio.

La palabra adulterio se refiere a las relaciones sexuales entre un hombre y una mujer cuando por lo menos uno de ellos está casado con otra persona. En su contexto original y patriarcal, parece haberse referido solo a las relaciones sexuales entre un hombre y una mujer casada con otro hombre. No prohibía que los hombres tuvieran más de una pareja sexual. Esta cultura era polígama, por lo tanto, a los hombres se les permitía tener múltiples esposas y concubinas (una concubina era una mujer en una relación reconocida con un hombre cuyo estatus era menor que el de su esposa).

Otras leyes judías limitaban las relaciones sexuales de otras maneras. A un hombre se le prohibía:

• Tener relaciones sexuales con su nuera (Levítico 20:12).

• Tener relaciones sexuales con otro hombre (Levítico 20:13).

• Tomar a una mujer y a su madre como esposas (Levítico 20:14).

• Tener relaciones sexuales con un animal (Levítico 20:15).

• Tener relaciones sexuales (o ver desnuda) a su hermana (Levítico 20:17).

• Tener relaciones sexuales con una mujer que está menstruando (Levítico 20:18).

• Ver desnuda a la hermana de su madre o a la hermana de su padre (Levítico 20:19).

• Tener relaciones sexuales con la esposa de su tío (Levítico 20:20).

• Tener relaciones sexuales con la esposa de su hermano (Levítico 20:20) – aunque había una excepción en el caso de que un hombre muriese sin hijos. Si esto ocurriera, su hermano debía tomar a la viuda como esposa, para que “el nombre de éste no sea raído de Israel” (Deuteronomio 25:5-6) – esto también le proporcionaba a la viuda cierto nivel de seguridad.

• Profanar a su hija prostituyéndola (Levítico 19:29).

• Tener relaciones sexuales con una mujer virgen comprometida a otro hombre (Deuteronomio 22:23-27).

• “Apoderarse” de una mujer virgen y tener relaciones sexuales con ella (Deuteronomio 22:28-30).

De todos modos, el hecho de que el adulterio aparece en estas Diez Palabras o Mandamientos demuestra la seriedad con que se trataba. La familia es la fundación de la sociedad. Entonces, que un hombre interfiera con la casa de otro hombre y su esposa era una amenaza no solo para la familia del otro hombre, pero también para la sociedad.

Hoy día, gente no parece tomar el adulterio tan en serio como se hacía en tiempos bíblicos, pero el adulterio sigue rompiendo corazones, familias, y dejando hijos heridos. Porque familias rotas generalmente son más débiles económicamente que familias intactas, el adulterio también contribuye a los problemas asociados niños criados en pobreza.

VERSÍCULO 15: NO HURTARÁS

15No hurtarás.

Algunos eruditos consideran que esta palabra o mandamiento solo prohíbe robar las pertenencias de otro si se hace a escondidas. Pero no hay porque limitarlo de esa manera. Tomar la propiedad de otro a escondidas se llama hurto y tomar la propiedad de otro por violencia se llama robo. Nuestras leyes consideran el robo como el peor de los dos crímenes, porque es más probable que los que roban inflijan daño físico sobre la víctima. Debemos pensar que este mandamiento prohíbe ambos el hurto y el robo.

Hemos de anotar que el hurto puede causar graves daños a sus víctimas – aunque no haya violencia física. Esto era verdad, particularmente en tiempos bíblicos, cuando la gente solo tenía lo suficiente para sobrevivir de manera marginal. Si alguien robara sus ovejas, podría morirse de hambre o perder todo. Lo más pobre la víctima, más serio el robo.

A pesar de esto, también los más pudientes sufren al ser víctimas de un robo. El sentimiento de ser violado personalmente crea un temor que no se elimina fácilmente. Ese tipo de temor puede resultar en que las víctimas de un robo lleven vidas muy protegidas y temerosas.

También debemos anotar que el robo puede ir más allá de quitar cosas materiales. El próximo mandamiento prohíbe dar falso testimonio, porque falso testimonio puede robar a una persona de su reputación y de su libertad personal.

Para ver más provisiones en la ley judía que tratan sobre el robo, véanse Éxodo 22:1-16 y Levítico 6:1-7; 19:11-13). El Nuevo Testamento también lo menciona (Mateo 19:18; Romanos 2:21; 13:9; 1 Corintios 6:10; Efesios 4:28; 1 Pedro 4:15).

VERSÍCULO 16: NO HABLARÁS CONTRA TU PRÓJIMO FALSO TESTIMONIO

16No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

Este mandamiento tiene que ver principalmente con dar falso testimonio contra un prójimo – es decir, contra un miembro de la comunidad del pacto – en un ambiente legal. Sin embargo, no hay nada en este breve mandamiento que lo limite a un ambiente legal.

Aunque falso testimonio en un caso legal puede tener graves y hasta fatales consecuencias, también puede tener graves consecuencias en otras circunstancias. Falso testimonio puede resultar en la perdida de una buena reputación o de un trabajo. Puede dañar un matrimonio o una relación entre amigos. Para la mayoría de nosotros, la tentación más grande en cuanto a este mandamiento es el chismorreo.

Levítico 5:1 especifica que una persona que sabe la verdad pero que no testifica voluntariamente para salvar a otra persona “llevará su pecado.”

La seriedad con la que los judíos trataban el falso testimonio es atestiguado por las numerosas veces que aparece en ambos el Antiguo y Nuevo Testamento (Éxodo 23:1; Levítico 6:3; 19:11, 16; Deuteronomio 5:20; 19:16-20; Salmos 27:12; 35:11; Proverbios 6:16-19; 12:17; 14:5, 25; 18:5; 19:9, 28; 21:28; 24:28; 25:18; Zacarías 5:3-4; Mateo 15:19; 19:18; Lucas 3:14; 18:20; 1 Timoteo 1:9-10).

Por las graves consecuencias que pueden resultar de un falso testimonio, la ley judía requería la corrobación de por lo menos dos testigos para culpar a una persona de un crimen (Deuteronomio 17:6; 19:15; Números 35:30). También requería que los testigos estuvieran a cargo de llevar a cabo la pena de muerte (Deuteronomio 17:7) – un requisito que enfatizaba la seriedad del testimonio presentado. Si parecía que una persona era culpable de hablar en falso, la ley requería que la comunidad impusiera el mismo castigo sobre el falso testigo que éste pretendía imponer sobre otro (Deuteronomio 19:16-20).

VERSÍCULO 17: NO CODICIARÁS LO QUE LE PERTENECE A TU PRÓJIMO

17No codiciarás (hebreo: hamad) la casa (hebreo: bayit) de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

Como se anota arriba, los católicos (y algunos protestantes) separan versículo 17 para crear el noveno y décimo mandamiento – uno, la prohibición de codiciar la casa del prójimo, y otro, la prohibición de codiciar la esposa, el siervo, los animales, o cualquier otra cosa que le pertenezca al prójimo. Es probable que esto sea porque el mandamiento paralelo en Deuteronomio 5:21 usa dos verbos diferentes. Prohíbe “codiciar” la mujer del prójimo o “desear” la casa o la tierra, etc., del prójimo. De todos modos, los judíos y la mayor parte de protestantes piensan de Éxodo 20:17 como un solo mandamiento.

“No codiciarás (hamad) la casa (bayit) de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” (v. 17). La primera pregunta es qué significa la palabra hamad, que aquí traducimos como codiciar. ¿Prohíbe este mandamiento el deseo simplemente o prohíbe un deseo tan intenso que tienta a uno a actuar sobre su deseo – a tomar lo que desea por sigilo o por fuerza?

No hay duda de que este mandamiento prohíbe el segundo de éstos – un deseo tan intenso que tienta a actuar sobre el deseo – a tomar lo que se desea por sigilo o por fuerza. Aunque un leve deseo por algo que le pertenece al prójimo seguramente no se considera una ofensa bajo este mandamiento, al ir subiendo la escala del deseo hacia un anhelo más intenso, también vamos subiendo la escala del peligro y de la tentación. Si nuestro deseo se convierte en obsesión, éste se intensifica. Si esto ocurre es casi seguro que romperemos este mandamiento.

Entonces, la próxima pregunta es cuanto control ejercemos sobre nuestros deseos. Si deseamos algo que le pertenece al prójimo, ¿es posible controlar ese deseo para que no salga de control – para que no rompamos este mandamiento?

La verdad es que tenemos mucho control sobre nuestros deseos. Podemos escoger si obsesionar sobre ellos para que intensifiquen – o podemos buscar otras maneras de cumplir nuestras necesidades. Que un deseo pase a ser obsesión o no depende más de cómo lo tratamos que de la naturaleza del deseo.

Aunque es verdad que algunos deseos (el alcohol, las drogas, la pornografía, el juego, etcétera) pueden terminar en adicciones muy difíciles de controlar, eso no disminuye la importancia de nuestras decisiones. Raras veces queda una persona adicta al alcohol con su primer trago – o con su primera experiencia con drogas – o con la primera vez que ve una fotografía de alguien desnudo – o con la primera vez que juega a las cartas. Los deseos se convierten en obsesiones y adicciones por su repetición – y por nuestra decisión de nutrirlos. Si ejercemos buenas decisiones antes de hacernos adictos, podemos prevenir la adicción.

Aún después de hacerse uno adicto, todavía hay esperanza de que esa persona pueda volver a tomar control de su vida. Alcohólicos Anónimos y organizaciones parecidas ofrecen grupos de apoyo que pueden ayudar al adicto a tomar control de su comportamiento. Sin embargo, esa persona tiene que tomar la decisión de asistir las reuniones y de cumplir con los requisitos de la organización.

Concluyo, por lo tanto, que nosotros podemos controlar nuestros deseos, particularmente si empezamos a ejercer control sobre ellos antes de que se conviertan en obsesión o adicción. Podemos tomar decisiones que nos lleven a comportamiento codicioso – o podemos tomar decisiones que contengan nuestros deseos en límites permisibles.

Esto implica que un buen entrenamiento espiritual es vital para saber qué es y qué no es permisible. En nuestra cultura hay personas cuya crianza les ha dejado ineptos en este aspecto. Muchos padres no logran transmitir buenos valores a sus hijos.

Otra cuestión tiene que ver con la definición de la casa (bayit) de nuestro prójimo. ¿Prohíbe este mandamiento codiciar la casa y el terreno físico del prójimo, o hay más?

La palabra hebrea, bayit, tiene un significado más amplio que el de nuestra palabra casa. Se refiere al hogar de la persona, que puede incluir a su familia y sus posesiones. Por lo tanto, cuando este mandamiento prohíbe codiciar la casa del prójimo, incluye más, como la esposa del prójimo – o su nuevo BMW – o su nueva computadora portátil. Las implicaciones se detallan en el resto del versículo, que termina prohibiendo el codiciar cualquier cosa que le pertenezca a nuestro prójimo.

Lo más importante de este mandamiento es que va directo a nuestro comportamiento. Si controlamos nuestros deseos, no estaremos tentados a matar – o a cometer adulterio – o a robar – o a rendir falso testimonio. Jesús repitió esto mismo cuando dijo que es necesario controlar nuestra ira para no ser culpables de asesinato (Mateo 6:21-26) – y que es necesario controlar nuestros deseos sexuales para no ser culpables de adulterio (Mateo 6:27-30).

VERSÍCULOS 18-20: LA GENTE TEMÍA

18Todo el pueblo consideraba las voces, y las llamas, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba: y viéndolo el pueblo, temblaron, y pusiéronse de lejos. 19Y dijeron á Moisés: Habla tú con nosotros, que nosotros oiremos; mas no hable Dios con nosotros, porque no muramos. 20Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; que por probaros vino Dios, y porque su temor esté en vuestra presencia para que no pequéis.

“Todo el pueblo consideraba las voces, y las llamas, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba: y viéndolo el pueblo, temblaron, y pusiéronse de lejos” (v. 18). Es normal temer al encontrarse en presencia del Todopoderoso. Esta gente tiene razón para temer. Yahvé ya les ha avisado que no se acerquen demasiado al monte “porque no haga en ellos estrago” (19:24). Todo – las voces, las llamas, las bocinas, y el humo del monte – intimidaría a cualquiera.

Y dijeron á Moisés: Habla tú con nosotros, que nosotros oiremos; mas no hable Dios con nosotros, porque no muramos” (v. 19). La gente clama a Moisés para que él se interponga entre ellos y Dios. Prefieren recibir las palabras de Dios de segunda mano. Temen no sobrevivir más encuentros con Dios y prometen escuchar cuando Moisés hable (lo cual implica obediencia).

“Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; que por probaros vino Dios, y porque su temor esté en vuestra presencia para que no pequéis” (v. 20). Las palabras “no temáis” y “no tengáis miedo” aparecen frecuentemente en las escrituras. A veces se trata de un enemigo, pero a menudo se trata de la presencia del Todopoderoso.

A pesar de esto, Moisés les asegura de que Dios ha venido para probarles o mostrarles – no para destruirles. Es normal que teman a Dios – que veneren a Dios y que muestren respeto en su presencia. Esta reverencia y temor les ayudará a evitar el pecado.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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Copyright 2012, Richard Niell Donovan