Éxodo 1:8 – 2:102017-07-19T10:59:26+00:00

PASAJE BÍBLICO

Éxodo 1:8 – 2:10

 

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

EL CONTEXTO:

Génesis 37-50 relata la historia de José, el querido hijo de Jacobo. Los hermanos de José, ofendidos por la impudencia de José, le venden a la esclavitud (Génesis 37). Más adelante, José se convertirá en el sirviente de Potiphar, pero, al ser acusado falsamente por la esposa de Potiphar, pronto se ve encarcelado (Génesis 39). José interpretó correctamente los sueños de sus dos compañeros de celda (Génesis 40), haciendo que Faraón, que buscaba a alguien que le interpretara su propio sueño, se fijara en él. José entonces interpretó el sueño de Faraón, y esto resultó en su nombramiento como segundo al Faraón, encargado de almacenar las provisiones que mantendrían a Egipto a lo largo de la hambruna venidera (Génesis 41).

Durante la hambruna, los hermanos de José, sin saber del estatus exaltado de José, fueron a Egipto para comprar comida y trataron directamente con José sin reconocerlo. Eventualmente, José se reveló ante sus hermanos, y se reconciliaron (Génesis 42-45). Esto culminó con Jacobo y su familia, 70 personas, estableciéndose en Egipto (Génesis 46-47). Entonces Jacobo, ya anciano, bendijo a los hijos de José y pronunció sus últimas palabras ante todos sus hijos. Murió y fue enterrado (Génesis 48-49). El libro de Génesis cierra con la historia de la muerte de José a la edad de ciento diez años (Génesis 50).

El libro de Éxodo abre con los nombres de los hijos de Israel/Jacobo, y nos recuerda que el número de familiares de Jacobo que habían entrado en Egipto era solo setenta (1:1-5). Entonces continúa con las muertes de José y de sus hermanos (1:6) y termina con esta nota importante:

“Y los hijos de Israel crecieron, y multiplicaron,

y fueron aumentados y corroborados en extremo;

y llenóse la tierra de ellos” (1:7).

Más adelante, después del Éxodo, aprendemos que los israelitas crecieron en número hasta seis cientos tres mil, quinientas cincuenta personas, sin incluir a los levitas, los cuales no se incluían en el censo (Números 1:46-47).

CAPÍTULO 1, VERSÍCULOS 8-11: LEVANTÓSE UN NUEVO REY

8Levantóse entretanto un nuevo rey sobre Egipto, que no conocía á José; el cual dijo á su pueblo: 9He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros: 10Ahora, pues, seamos sabios para con él, porque no se multiplique, y acontezca que viniendo guerra, él también se junte con nuestros enemigos, y pelee contra nosotros, y se vaya de la tierra. 11Entonces pusieron sobre él comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas; y edificaron á Faraón las ciudades de los bastimentos, Phithom y Raamses.

“Levantóse entretanto un nuevo rey sobre Egipto, que no conocía á José” (v. 8). El nuevo rey seguramente representaba una nueva dinastía (una nueva serie de regidores de la misma descendencia). José seguramente ascendió al poder bajo un faraón de la 17ᵒ Dinastía – una dinastía de Hyksos o de extranjeros. El pueblo egipcio se irritaba bajo estos extranjeros, y celebraron la llegada de la 18ᵒ Dinastía – egipcia – que comenzó alrededor de 1550 a.C. y duró 250 años. Estos nuevos regidores reconocerían el papel de José en su historia pero, pensando de él como representante de una dinastía extranjera desfavorable, no tendrían ningún interés en perpetuar su memoria o en ayudar a sus descendientes.

“el cual dijo á su pueblo: He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros” (v. 9). Versículo 7 estableció que los israelitas han llegado a ser “corroborados en extremo” y “llenóse la tierra de ellos.” Si nuestra presunción es correcta de que éste es un faraón egipcio que ha rozado contra líderes extranjeros, es natural que se preocupe por el creciente poder de esta gente extranjera (los israelitas) a su alrededor.

“Ahora, pues, seamos sabios para con él, porque no se multiplique, y acontezca que viniendo guerra, él también se junte con nuestros enemigos, y pelee contra nosotros, y se vaya de la tierra” (v. 10). Cualquiera que haya estudiado la historia de Estados Unidos reconocerá los comentarios del faraón. Con cada ola sucesiva de inmigración a este país ha surgido preocupación xenofóbica contra afro-americanos – irlandeses – italianos – inmigrantes de Europa oriental – judíos – asiáticos – hispanos – y otros. Dos ejemplos típicos incluyen el temor que sentían los blancos del sur ante la posible insurrección de sus esclavos afro-americanos – y el temor que existía durante la Segunda Guerra Mundial de que los japonés-americanos pudieran ser espías o saboteadores. La preocupación por los afro-americanos resultó en duras medidas para controlarles. La preocupación por los japonés-americanos resultó en su internamiento por el tiempo que duró la guerra.

Este tipo de preocupación es conocido por gente de otras naciones. Temor de los extranjeros es algo común alrededor del mundo – igual que lo son los enfrentamientos entre tribus. Muchas veces y en muchas naciones los judíos han sido blanco de pogromos (masacres organizadas). El Holocausto en Alemania durante las décadas de 1930 y 40 es el clásico ejemplo. Conflictos políticos y tribales han resultado en millones de muertes a lo largo del último siglo.

“Entonces pusieron sobre él comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas” (v. 11a). Esclavitud es la primera defensa del faraón. Reduce la libertad de los israelitas y les obliga a hacer trabajo forzado. El limitar su libertad reduce la posibilidad de que puedan sublevarse contra los egipcios. El obligarles a hacer trabajo forzoso les deja demasiado exhaustos para llevar a cabo una revuelta.

“y edificaron á Faraón las ciudades de los bastimentos, Phithom y Raamses” (v. 11b). Durante la vida de José, los israelitas se habían establecido en Goshen, una región fértil en el delta del Río Nilo. Eran ciudades de abastecimiento, y la tierra fértil del Delta les proveería cosechas abundantes para almacenar. Su situación en el delta también disminuía la necesidad de reubicar a los israelitas antes de ponerles a trabajar en las ciudades de abastecimiento.

VERSÍCULOS 12-14: TANTO MÁS SE MULTIPLICABAN

12Empero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían: así que estaban ellos fastidiados de los hijos de Israel. 13Y los egipcios hicieron servir á los hijos de Israel con dureza:

14Y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo, y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigorismo.

“Empero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían: así que estaban ellos fastidiados de los hijos de Israel” (v. 12). La estrategia del faraón falló. Había creído que controlaría a los israelitas y que limitaría su crecimiento forzándoles a hacer un trabajo agotador. Dio por hecho que su fuerza como pueblo disminuiría a causa de las adversidades que tenían que soportar. Sin embargo, lo contrario resultó ser verdad. Lo más que Egipto los oprimía, lo más fuertes que se hacían.

Hasta ahora, el libro de Éxodo no ha mencionado a Yahvé ni una vez. Sin embargo, los que conozcan esta historia pueden sentir su presencia. Los israelitas no prosperan porque sean una raza superior, sino porque alaban a un Dios superior.

Los esfuerzos fallidos de Egipto les han dado aún más motivos para temer. ¿Les queda alguna esperanza de poder controlar a los israelitas?

“Y los Egipcios hicieron servir á los hijos de Israel con dureza” (v. 13). Como suele pasar cuando la gente se desespera, los egipcios tratan de redimir su fallida estrategia redoblando sus esfuerzos en vez de implementar una nueva estrategia. Han impuesto trabajo forzoso sobre los israelitas. Ahora les harán trabajar aún más duro.

“Y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo, y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigorismo” (v. 14). Anote las descripciones que aparecen en este versículo – “amargaron” – “dura servidumbre” – “rigorismo.” No existe compasión – todo lo contrario. Los egipcios pretenden romper el espíritu de los israelitas – quizá hasta matarles con el trabajo.

Los tipos de trabajos que se mencionan aquí – “hacer barro y ladrillo” y “labor del campo” – son trabajos físicos muy duros. Si se añade un látigo para castigar a los trabajadores o para provocarles, las condiciones de trabajo pronto serán insoportables.

VERSÍCULOS 15-22: SI FUERE HIJO, MATADLO

15Y habló el rey de Egipto á las parteras de las Hebreas, una de las cuales se llamaba Siphra, y otra Phúa, y díjoles: 16Cuando parteareis á las Hebreas, y mirareis los asientos (hebreo: ‘obnayim), si fuere hijo, matadlo; y si fuere hija, entonces viva. 17Mas las parteras temieron á Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que reservaban la vida á los niños. 18Y el rey de Egipto hizo llamar á las parteras y díjoles: ¿Por qué habéis hecho esto, que habéis reservado la vida á los niños? 19Y las parteras respondieron á Faraón: Porque las mujeres Hebreas no son como las Egipcias: porque son robustas, y paren antes que la partera venga á ellas. 20Y Dios hizo bien á las parteras: y el pueblo se multiplicó, y se corroboraron en gran manera. 21Y por haber las parteras temido á Dios, él les hizo casas. 22Entonces Faraón mandó á todo su pueblo, diciendo: Echad en el río todo hijo que naciere, y á toda hija reservad la vida.

“Y habló el rey de Egipto á las parteras de las Hebreas, una de las cuales se llamaba Siphra, y otra Phúa, y díjoles” (v. 15). Ahora el faraón implementa una nueva estrategia. Con este versículo surgen dos preguntas:

• Primero, ¿instruye faraón personalmente a estas dos parteras? Este versículo hace pensar que él se dirige a ellas en persona, aunque podría dar instrucciones a través de un intermediario.

• Segundo, ¿por qué solo dos parteras? Las circunstancias dictarían el número de partos en los que las parteras pudieran asistir. En este caso, los israelitas se encuentran dispersados entre dos ciudades y en una amplia zona rural. El trayecto de una madre a otra sería lento, y las mujeres que están a punto de parir no lo hacen según un horario fijo. Entonces, una partera, con suerte, asistiría a más de cien partos judíos al año. Dos parteras no podrían servir a una población tan grande como para asustar a los egipcios. Quizá faraón consideraba a estas dos parteras dignas de su confianza. Quizá son simplemente representantes de una comunidad más amplia de parteras.

Este versículo identifica a las dos parteras como hebreas. Eso no significa que sean necesariamente israelitas – la palabra hebreo se usaba para referirse a varias tribus nómadas. No obstante, este versículo nos dice que no son egipcias – y que se identifican con los israelitas.

Es significante que este texto honre a estas dos mujeres dándoles nombres, mientras que Faraón no es honrado de la misma manera. Estas mujeres merecen este honor por haber salvado la vida de aquéllos que han sido ordenadas a matar. Por su lealtad, sus nombres serán celebrados a lo largo de la historia.

“Cuando parteareis á las Hebreas, y mirareis los asientos” (‘obnayim) (v. 16a). La palabra ‘obnayimviene de una raíz que significa “par de piedras.” Por eso, algunos eruditos especulan que ‘obnayim en este versículo es un eufemismo para testículos. Es decir, este versículo se traduciría mejor “y mirareis los testículos,” queriendo decir “confirmad que son varones.” Sin embargo, también es posible que ‘obnayimse utilice aquí para referirse a las piedras en que se apoyaban las parturientas al dar luz.

“si fuere hijo, matadlo; y si fuere hija, entonces viva” (v. 16b). El plan inicial de Faraón para impedir el crecimiento de los israelitas ha fallado, entonces trata un método más directo. Ordena a las parteras que maten a todos los varones judíos recién nacidos.

Esta historia tiene un paralelo en el libro de Mateo, donde Herodes manda matar “á todos los niños que había en Belén y en todos sus términos, de edad de dos años abajo” (Mateo 2:16).

¿Por qué matar solo a los niños y no las niñas? Sería más probable que los niños participaran en revueltas violentas, pero matar solamente a los niños no reduciría necesariamente el crecimiento de la población – un hombre puede embarazar a muchas mujeres. Sin embargo, matar a los varones bajaría la moral de los israelitas y, con el tiempo, debilitaría su comunidad.

Mas las parteras temieron á Dios” (v. 17a). En las escrituras hebreas, el temer a Dios significa confiar en él y tener reverencia y fe, obedeciendo la voluntad de Dios. Aunque Faraón ejerza poder sobre la vida o la muerte de estas mujeres, ellas están determinadas a cumplir la voluntad de Dios y confían que Dios vindicará su lealtad.

“y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que reservaban la vida á los niños” (v. 17b). Historia está llena de ejemplos de gente que demostró gran valor e hizo el bien ante una fuerza malvada y poderosa. Hoy, Israel honra a los “Gentiles Justos” – gente que arriesgó su vida para ayudar a judíos durante el holocausto. Sabemos que Siphra y Phúa son hebreas, pero no sabemos con seguridad si son israelitas. Quizá ellas fueran las primeras de los “Gentiles Justos.”

“Y el rey de Egipto hizo llamar á las parteras y díjoles: ¿Por qué habéis hecho esto, que habéis reservado la vida á los niños?” (v. 18). Como un regidor de poder absoluto, el faraón espera obediencia total. Debe sentirse enojado al interrogar a estas mujeres y al descubrir su desobediencia. Podría ordenar su ejecución por haber desobedecido su orden directa.

“Y las parteras respondieron á Faraón: Porque las mujeres Hebreas no son como las Egipcias: porque son robustas, y paren antes que la partera venga á ellas” (v. 19). Los israelitas han demostrado ser mucho más vigorosos de lo que Faraón esperaba. Aguantaron las duras condiciones que les había impuesto, creciendo en fuerza y número. Ahora las parteras le dicen que las mujeres hebreas son fuertes e independientes cuando se trata de dar luz – mucho más fuertes y más independientes que las mujeres egipcias. Las mujeres hebreas son capaces de dar luz casi sin asistencia. No necesitan parteras.

No sabemos cuanto de este relato es verdad. Quizá las parteras han avisado a la comunidad hebrea de que sus mujeres deben parir sin la ayuda de las parteras. Quizá las mujeres hebreas verdaderamente son fuertes e independientes. No obstante, es probable que las parteras ayudaran en los partos de mujeres hebreas y que hubieran desobedecido la orden del faraón de matar a los varones. Si es así, éste es un caso en que el fin (la preservación de la vida de los hebreos recién nacidos y la de las parteras) justifica el medio (mentir al faraón). “El fin justifica los medios” es una expresión resbaladiza que puede tener malas consecuencias, pero hay situaciones extremas en las que es apropiada. Ésta es una de esas situaciones.

En cualquier caso, las parteras deben convencer al faraón de que no han ignorado su mandato. Si no, sus vidas correrían peligro. Su reporte es creíble, porque los hebreos ya han demostrado su fuerza – y parece que el faraón cree lo que las parteras le dicen.

Aquí hay un paralelo con la historia de la masacre de inocentes en el Evangelio de Mateo. En ese caso, los Magos, “siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen á Herodes, se volvieron á su tierra por otro camino” (Mateo 2:12). Ellos también se negaron a ser cómplices de un trama malvado. Ellos también demostraron su lealtad hacia Dios. Ellos también frustraron a un líder malvado.

Y Dios hizo bien á las parteras: y el pueblo se multiplicó, y se corroboraron en gran manera” (v. 20). Dios bendice a las parteras – y también al pueblo de Israel. Versículo 21 detalla las bendiciones concedidas a las parteras. Ese versículo dice que, a pesar de todo intento por parte de una nación poderosa de interponerse sobre ellos, los israelitas siguen creciendo en número y en fuerza.

“Y por haber las parteras temido á Dios, él les hizo casas” (v. 21). Dios premia a las parteras por su fe y su lealtad, dándoles familias propias. La mayoría de culturas valora los hijos, y en aquel tiempo y lugar eran particularmente apreciados. Gente pensaba de los hijos como una bendición divina (Génesis 15:1-5; Salmo 127:3-6). Ser depravado de hijos era doloroso (1 Samuel 1-2). Se necesitaban hijos para ayudar con las muchas tareas que acompañaban la vida rural – proveían por sus padres en su vejez – transmitían el nombre de la familia. Nada que Dios pudiera hacer por estas mujeres se consideraría mejor que la bendición de los hijos.

“Entonces Faraón mandó á todo su pueblo, diciendo: Echad en el río todo hijo que naciere, y á toda hija reservad la vida” (v. 22). Frustrado por el rechazo de las parteras de matar los niños hebreos, faraón ahora se dirige a la población general. Les da la misma orden que les dio a las parteras – matar a cada hebreo varón recién nacido, pero no a las hembras.

Faraón describe un método de ejecución particular. El pueblo ha de arrojar a los bebes al Río Nilo donde se ahoguen o sean devorados por cocodrilos. Los egipcios consideran el Nilo un río sagrado, por eso pueden justificar estas acciones como sacrificios religiosos.

CAPÍTULO 2, VERSÍCULOS 1-4: ESCONDIÓ AL NIÑO EN UNA ARQUILLA

2:1Un varón de la familia de Leví fue, y tomó por mujer una hija de Leví: 2La cual concibió, y parió un hijo: y viéndolo que era hermoso, túvole escondido tres meses. 3Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla (hebreo: tebat) de juncos, y calafateóla con pez y betún, y colocó en ella al niño, y púsolo en un carrizal á la orilla del río: 4Y paróse una hermana suya á lo lejos, para ver lo que le acontecería.

“Un varón de la familia de Leví fue, y tomó por mujer una hija de Leví” (v. 2:1). Leví era el tercer hijo de Jacobo. Tomó parte en engaños y violencia para vengar a su hermana, Dinah (Génesis 34). Jacobo, ya moribundo, contuvo su bendición de Leví (Génesis 49:5-7).

En Sinaí, después de haber construido los israelitas el becerro de oro, Moisés exclamó, “Quién es de Jehová júntese conmigo” (Éxodo 32:26), y los hijos de Leví se apegaron a Moisés para ayudarle a castigar a la gente. Moisés prosiguió, “Hoy os habéis consagrado á Jehová, porque cada uno se ha consagrado en su hijo, y en su hermano, para que dé él hoy bendición sobre vosotros” (Éxodo 32:29). Al morir, en reconocimiento del servicio leal de los levitas, Moisés les consagró a cada uno de ellos para que predicaran la ley y para que quemaran ofrendas ante el altar del Señor – es decir, les consagró como sacerdotes (Deuteronomio 8:8-11; véase también Números 1:50ff; 3:12, 32; 8:5ff; 18:6ff). Eso, sin embargo, está en el futuro. En este momento, los levitas son simplemente una de las doce familias de Israel.

Este hombre levita se casa con una mujer levita. Más adelante aprenderemos sus nombres. Él es Amram, y ella es Jochêbed (Éxodo 6:20).

“La cual concibió, y parió un hijo: y viéndolo que era hermoso, túvole escondido tres meses”(v. 2). Esto suena como si Moisés fuera el primer nacido de esta mujer. No obstante, como pronto veremos, tiene una hermana mayor (vv. 4, 7). Ella es, seguramente, Miriam, que más adelante será identificada como la hermana de Aarón – y es profetisa (Éxodo 15:20-21). Después, también aprenderemos que Aarón es hermano de Moisés – tres años mayor que Moisés (Éxodo 6:20; 7:7).

Jochêbed logró esconder su bebé durante tres meses. Sin duda, sus vecinos israelitas le ayudarían con este subterfugio.

Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla (tebat) de juncos, y calafateóla con pez y betún, y colocó en ella al niño, y púsolo en un carrizal á la orilla del río” (v. 3). La arquilla es un junco acuático que se encuentra en las zonas pantanosas del Nilo. Gente juntaba tiras de arquilla para formar una capa, y después ponía una segunda capa encima, perpendicular a la primera. Dos capas juntas formaban otra con fuerza parecida a la de un papel. Más capas lo harían aún más fuerte. Si se hace bien, con la arquilla se puede preparar una tela fuerte que se puede amoldar en diferentes formas. En este caso, Jochêbed amolda la arquilla para crear un cesto lo suficientemente grande para su bebé – y lo suficientemente fuerte para asegurar su bienestar – y lo suficientemente flotante para flotar aún con el peso de un bebé saludable.

La palabra hebrea traducida como “cesto” es tebat – la misma palabra utilizada previamente para el arca de Noé (Génesis 6). En cada una de estas historias, Dios usa un tebat como recipiente de salvación, imprescindible para sus propósitos.

Betún y pez son sustancias parecidas a la brea que haría impermeable el arca de Noé. Aunque el Señor mandó a Noé hacer un arca resistente al agua, poniéndole brea (Génesis 6:14), la palabra traducida en Génesis como brea es diferente a las palabras betún y pez en este versículo. De todos modos, la idea de poner una capa protectora para hacer el material impermeable es la misma en ambos relatos.

Un cesto puesto en el Nilo flotaría con la corriente. Sin embargo, Jochêbed sitúa el arca de Moisés, hecho de arquilla, entre los juncos del río. Los juntos cubrirían el arca hasta cierto punto – y también lo mantendrían quieto para que no se fuera con la corriente.

Hay una deliciosa ironía en esta historia. En este caso, la madre de Moisés sigue la orden del faraón que manda poner a todo judío varón recién nacido en el Nilo – excepto que el propósito del faraón era matarlos. Al contrario, el propósito de Jochêbed es salvar a su hijo. El Nilo – instrumento de muerte para el faraón – se convierte en instrumento de vida para Dios y para el pueblo de Dios.

Y paróse una hermana suya á lo lejos, para ver lo que le acontecería” (v. 4). Como se anota arriba, más adelante aprenderemos que se trata de su hermana Miriam. No sabemos cuántos años tiene, pero nos da la impresión de ser una joven adolescente. Debe ser mayor que su hermano Aarón, porque Aarón solo tiene tres años más que Moisés (Éxodo 7:7).

Jochêbed sitúa a su hija a la orilla del río para poder mantener un ojo sobre su bebé. Con el arca situado cerca de la orilla, Miriam también puede darle de comer y cambiarle cuando sea necesario.

VERSÍCULOS 5-10: Y LA HIJA DEL FARAÓN LO TOMÓ COMO SU HIJO

5Y la hija de Faraón descendió á lavarse al río, y paseándose sus doncellas por la ribera del río, vio ella la arquilla en el carrizal, y envió una criada suya á que la tomase. 6Y como la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los Hebreos es éste. 7Entonces su hermana dijo á la hija de Faraón: ¿Iré á llamarte un ama de las Hebreas, para que te críe este niño? 8Y la hija de Faraón respondió: Ve (hebreo: leki). Entonces fue la doncella, y llamó á la madre del niño; 9A la cual dijo la hija de Faraón: Lleva este niño, y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño, y criólo.10Y como creció el niño, ella lo trajo á la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y púsole por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué.

“Y la hija de Faraón descendió á lavarse al río, y paseándose sus doncellas por la ribera del río, vio ella la arquilla en el carrizal, y envió una criada suya á que la tomase” (v. 5). Es probable que el faraón tenga un harén. Si es así, esta hija puede ser una de cientos de hijos del faraón. Va a bañarse a las aguas sagradas del Nilo, ve el arca de Moisés entre los juncos, y decide investigar.

“Y como la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los Hebreos es éste” (v. 6). Rápida y con seguridad establece que es un niño hebreo, y fácilmente puede ver que es varón. Tiene que estar enterada de la preocupación del faraón con los hebreos y conocer su edicto que manda matar a todo varón hebreo recién nacido. A pesar de esto, los asuntos del corazón a menudo sobrepasan cualquier consideración de ese tipo, y eso es lo que ocurre aquí. Siente una ola de compasión por este niño, flotando solo en el pequeño cesto.

“Entonces su hermana dijo á la hija de Faraón: ¿Iré á llamarte un ama de las Hebreas, para que te críe este niño?” (v. 7). Miriam habría pensado que decirle al faraón si Moisés fuera descubierto. Cuando se da cuenta de que la hija del faraón favorece al niño, ella ofrece buscar una nodriza entre las mujeres hebreas para cuidar al bebé. ¡Qué sugerencia tan inteligente! ¡Qué niña tan inteligente! Miriam seguramente habla egipcio, ya que no es probable que la hija del faraón hablara hebreo.

“Y la hija de Faraón respondió: Ve (leki). Entonces fue la doncella, y llamó á la madre del niño”(v. 8). Ésta es otra deliciosa ironía. Miriam busca a la madre verdadera de Moisés para hacerse nodriza de su propio hijo.

“A la cual dijo la hija de Faraón: Lleva este niño, y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño, y criólo” (v. 9). La hija del faraón le ofrece a Jochêbed un puesto pagado – cuidar de un niño recién encontrado. En la mente de la hija del faraón este niño es ahora suyo, pero la realidad es que es hijo de Jochêbed. ¡Jochêbed será pagada por cuidar a su propio hijo! Y en este trato quedará inmune del decreto del faraón que declara que todo varón judío recién nacido ha de ser matado.

Y como creció el niño, ella lo trajo á la hija de Faraón, la cual lo prohijó” (v. 10a). Parece que Jochêbed cuida de Moisés hasta que no necesita nodriza, a la edad de tres o cuatro años. Esto le da amplia oportunidad de instruir a su hijo en los valores de Dios antes de entregarlo a la hija del faraón. Le ayuda a entender su identidad, porque en versículo 11 él sale a la defensa de un hombre hebreo a quien reconoce como su familiar.

“y púsole por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué” (v. 10b). La palabra hebrea, moseh, significa “retirado.” ¿Por qué usaría la hija del faraón un nombre hebreo para su hijo adoptivo? Existen dos posibilidades. Una es que Jochêbed nombra a su hijo Moisés, le explica a la hija del faraón el significado del nombre, y la hija del faraón continúa usándolo. Otra es que la hija del faraón le da a su hijo adoptivo un nombre egipcio que los hebreos interpretan como se explica en este versículo. Aunque Moisés no parece ser un nombre egipcio muy común, los egipcios sí usan variaciones de este nombre como Ahmose y Harmose.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada enhttp://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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Copyright 2012, Richard Niell Donovan