Apocalipsis 1:4-82017-03-22T04:45:22+00:00

PASAJE BÍBLICO

Apocalipsis 1:4-8

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

EL CONTEXTO:

Este libro empieza con las palabras griegas, Apokalypsis Iesou Christou (la revelación de Jesucristo). La primera palabra Apokalypsis (revelación), le da a este libro su nombre.

En versículos 1 y 4 aprendimos que fue Juan el que recibió esta revelación y escribió este libro. No sabemos cuál Juan. La temprana iglesia pensaba que el autor fue Juan el Apóstol – hijo de Zebedeo y hermano de Santiago – Juan, uno de los “Hijos del trueno” (Marcos 3:17). Hoy, hay unos que piensan que fue otro Juan, en parte porque el lenguaje de este libro es tan diferente al del Evangelio y las Epístolas de Juan. Pero argumentos como éstos no han llegado a ninguna conclusión – y no ofrecen ningún consenso en cuanto se refiere al autor de este libro.

Esto NO es “La revelación de San Juan,” como lo han llamado algunas biblias en inglés. Es “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar á sus siervos las cosas que deben suceder presto; y la declaró, enviándola por su ángel á Juan su siervo” (v. 1). Dios es la fuente de la revelación. Dios se la dio a Jesucristo y Jesús se la reveló a Juan a través de su ángel.

Anote también que esto es un apocalipsis – una revelación. Aunque las escrituras canónicas incluyen pocos ejemplos de escrituras apocalípticas (Isaías 24-27; 33; Daniel 7-12; Marcos 13; Apocalipsis), el género era bastante común durante los siglos inmediatamente antes y después de la vida de Jesús en esta tierra. Otros ejemplos incluyen las obras apócrifas, 1 Enoc, 4 Esdras, y 2 Baruc.

Al leer e interpretar el libro de Apocalipsis debemos tomar en cuenta el género apocalíptico. Igual que hemos aprendido a respetar las diferencias entre los libros bíblicos de historia, poesía, y profecía, también debemos respetar las distintas cualidades de las escrituras apocalípticas.

• Suelen ser dualistas, y distinguen esta era (caracterizada por el pecado y el mal) de la era que está por venir (cuando Dios redimirá su pueblo y el mundo).

• Suelen estar enraizadas en crisis y prevén el juicio venidero de Dios, la destrucción del mundo actual, y el nacer de un nuevo mundo en el que los justos serán vindicados y premiados.

• Por estas razones tienen mucho en común con varios libros proféticos, y este libro se identifica como “las palabras de esta profecía” (v. 3).

• Suelen ser seudónimas (escritas bajo nombre ficticio). No obstante, el libro de Apocalipsis no es seudónimo e identifica a Juan como su autor. Nadie (que yo sepa) ha sugerido que Juan no sea el nombre del autor. También debemos anotar que el libro de Daniel tampoco es seudónimo.

• Utilizan el simbolismo extensivamente – a veces un simbolismo extraño:

– En el libro de Daniel, el rey sueña con una gran estatua de oro, plata, bronce, hierro, y barro (Daniel 2) – y Daniel sueña con cuatro bestias extrañas (Daniel 7).

– En el libro de Apocalipsis, Juan tiene una visión de un Cordero “que tenía siete cuernos, y siete ojos” (5:6).

– También tiene una visión de siete ángeles con siete trompetas (capítulos 8-10). Lo extraño de esa visión es lo que ocurrió cuando los ángeles tocaron las trompetas. Por ejemplo, cuando el primer ángel tocó su trompeta, “fue hecho granizo y fuego, mezclado con sangre, y fueron arrojados á la tierra; y la tercera parte de los árboles fue quemada, y quemóse toda la hierba verde” (8:7).

Este libro pronuncia una bendición sobre aquéllos que lo leen en voz alta y “guardan las cosas en ella escritas: porque el tiempo está cerca” (v. 3). La última frase, “porque el tiempo está cerca,” es típica de las escrituras apocalípticas, que suelen prever un cambio dramático en el futuro cercano. El libro de Apocalipsis prevé la destrucción de Roma como el comienzo de una nueva era.

VERSÍCULOS 4-5a: JUAN Á LAS SIETE IGLESIAS EN ASIA

4Juan á las siete iglesias (griego: ekklesia) que están en Asia: Gracia (griego: charis) sea con vosotros, y paz (griego: eirene) del que es y que era y que ha de venir, y de los siete Espíritus que están delante de su trono; 5aY de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y príncipe de los reyes de la tierra.

“Juan á las siete iglesias (ekklesia) que están en Asia” (v. 4a). En versículo 11, Jesús identificará estas siete iglesias por nombre – son las iglesias en las ciudades de Efeso, Smirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia, y Laodicea. Estas siete ciudades se encuentran en Asia menor (hoy día Turquía). En capítulos 2 y 3, Jesús enviará cartas a esas iglesias.

Había otras iglesias en Asia menor, en Troas, Colossae, e Hierapolis, pero no se nombran en el libro de Apocalipsis. No sabemos porque Jesús solo escoge siete iglesias para recibir cartas. Quizá tenga que ver con el hecho que, para el pueblo judío, el número siete simboliza totalidad. Aunque también puede ocurrir que en estas siete iglesias hay problemas particulares a los que Jesús se quiere dirigir.

“Gracia (charis) sea con vosotros, y paz” (eirene) (v. 4b). Gracia (charis) es una palabra importante en el Nuevo Testamento. El uso de esta palabra en el Nuevo Testamento tiene raíces en la palabra hebrea hesed, que se usa en el Antiguo Testamento para hablar de la bondad, la merced, y la lealtad de Dios.

Los griegos usaban la palabra charis para referirse al patrocinio (el apoyo de un patrón, económico o político). Para los griegos, charis implicaba generosidad – una generosidad que exigía lealtad por parte del que la recibe. No es difícil ver por qué los autores del Nuevo Testamento adaptaron la palabra charis al Evangelio. El charis (gracia) cristiano es la salvación de Dios para los que aceptan el Señorío de Jesucristo. Entonces, Dios es el patrón – el benefactor. Nosotros somos los beneficiarios – los que dependen de la gracia de Dios.

Paz (eirene) también es una palabra importante y aparece casi cien veces en el Nuevo Testamento. Tiene raíces en la palabra hebrea shalom, que aparece en el Antiguo Testamento frecuentemente. El LXX (el Septuagésimo – la traducción griega del Antiguo Testamento) usa eirene para traducir la palabra hebrea shalom casi doscientas veces.

Ambos eirene y shalom, tal como se usan en la Biblia, significan más que la ausencia de violencia – aunque sí pueden transmitir esa idea. Las dos palabras sugieren un bienestar que solo viene de una relación profunda con Dios – la totalidad que acompaña la imagen de Dios, que aunque una vez fue quebrada por el pecado, es restaurada dentro del creyente.

“del que es y que era y que ha de venir” (v. 4c). La gracia y paz que Juan describe tienen tres fuentes. La primera es “del que es y era y que ha de venir” – Dios Padre. Es irónico que Juan usara tres medidas de tiempo (“es,” “era,” y “ha de venir”) para definir al que es eterno – al que está más allá del tiempo. Sin embargo, dividir el tiempo en tres nos ayuda a entender el extraordinario alcance de la naturaleza eterna del Padre.

“y de los siete Espíritus que están delante de su trono” (v. 4d). La segunda fuente de gracia y paz son “los siete Espíritus que están delante de su trono.” En su carta a Sardis, Jesús menciona “los siete Espíritus de Dios, y las siete estrellas” (3:1 – véanse también 4:5; 5:6). La frase, “los siete Espíritus” seguramente se refiere al Espíritu Santo, aunque hay eruditos que difieren en este punto. Dado que Dios descansó el séptimo día (Génesis 2:2-3), las escrituras consideran el número siete símbolo de totalidad y plenitud. Si “los siete espíritus” de este versículo se refiere al Espíritu Santo, el número siete se usaría para transmitir la idea del Espíritu en toda su plenitud.

“Y de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y príncipe de los reyes de la tierra” (v. 5a). Jesucristo es la tercera fuente de gracia y paz. Este versículo incluye tres características de Jesucristo.

• Jesucristo es “el testigo fiel” – el que conoce a Dios porque “era en el principio con Dios” (Juan 1:2) – y que, por consecuencia, es capaz de testificar fielmente de Dios. Jesús les dijo a sus discípulos, “El que me ha visto, ha visto al Padre” (Juan 14:9).

• Jesucristo es “el primogénito de los muertos.” Esto no significa que Jesús fue el primero en ser resucitado de la muerte. Elías resucitó al hijo de la viuda de Sarepta (1 Reyes 17:17-24). Eliseo resucitó al hijo de la mujer sunamita (2 Reyes 4:18-37). Un hombre que fue enterrado con Eliseo, al tocar los huesos de Eliseo, resucitó (2 Reyes 13:20-21). Jesús resucitó de la muerte a la hija de Jairo (Mateo 9:18-26) – y al hijo de la viuda de Naín (Lucas 7:11-15) – y su amigo Lázaro (Juan 11:32-44). No obstante, la resurrección de Jesús fue diferente, porque marcó el comienzo de una nueva era con la promesa de la resurrección de los creyentes. Jesús es el primogénito de esta nueva era.

• Jesucristo es el “príncipe de los reyes de la tierra.” Reyes terrenales reinan por un tiempo, pero Jesucristo reina eternamente. Reyes terrenales son mortales, pero Jesucristo es eterno. Reyes terrenales son humanos, pero Jesucristo es divino. No todos los reyes terrenales se inclinan ante el trono de Jesús, pero llegará el día en que reconocerán su supremacía.

VERSÍCULOS 5b-8: AL QUE NOS AMÓ

5bAl que nos amó, y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre, 6Y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios y su Padre; á él sea gloria (griego: doxa) é imperio (griego: kratos) para siempre jamás. Amén.

7He aquí (griego: idou) que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra se lamentarán sobre él. Así sea. Amén.

8Yo soy el Alpha y la Omega, principio y fin, dice el Señor, que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso (griego: pantokrator).

“Al que nos amó, y nos ha lavado (tiempo aoristo) de nuestros pecados con su sangre” (v. 5b). El uso del tiempo aoristo enfatiza que la acción de Jesús – lavarnos de nuestros pecados – está completa. Jesús lo ha hecho una vez y para siempre. Sin embargo, este versículo también enfatiza que el amor que Jesús tiene por nosotros es constante – nunca cesa.

Jesús les dijo a sus discípulos, “Como el Padre me amó, también yo os he amado: estad en mi amor” (Juan 15:9). También dijo, “Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos” (Juan 15:13).

Y nos ha hecho reyes” (v. 6a). El reino al que pertenecemos es el reino de Dios. El reino de Dios está enraizado en el Antiguo Testamento. Israel entendía que Yahvé ejercía dominio sobre todo (2 Crónicas 13:8; Salmo 103:19; 145:11-13; Isaías 40:18-26; Jeremías 10:7-16; Daniel 4:17; 5:21; 6:26-27), pero veía que otras naciones alababan a otros dioses. Israel, entonces, se consideraba el pueblo y el reino de Yahvé en la tierra – y esperaba la llegada del mesías, que traería un mundo más perfecto en el que Yahvé reinaría sobre todo.

Juan Bautista proclamó, “Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:2). Jesús repitió ese mensaje (Mateo 3:2; 4:17; 10:7), y añadió, “Y si por espíritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado á vosotros el reino de Dios” (Mateo 12:28). Jesús estaba diciendo que sus milagros revelaban la autoridad que había recibido de Dios para regir sobre las fuerzas terrenales. También se refirió a su Segunda Venida como una era en la que el reino de Dios quedaría totalmente establecido (Mateo 24-25).

La vida del reino no es algo que empieza cuando morimos y vamos al cielo. La vida del reino empieza ahora, cuando reconocemos a Cristo como rey y vivimos (aunque tentativamente) bajo las reglas del reino.

“y sacerdotes para Dios y su Padre” (v. 6b). Los sacerdotes de Israel eran los descendientes de Aarón (Éxodo 28:1), que estaban encargados de cuidar por las cuestiones religiosas de la nación. Presidían sobre ritos religiosos, incluyendo los sacrificios requeridos por el Torá. También hacían de intermediarios entre Dios y el pueblo.

Dios le dijo a Moisés que hablara con los israelitas, diciéndoles, “Y vosotros seréis mi reino de sacerdotes, y gente santa” (Éxodo 19:6, énfasis añadido). La frase, “reino de sacerdotes,” sugiere que, en un sentido, la nación de Israel es un sacerdocio. Entonces surge la pregunta: ¿por qué una nación con un cuerpo significante de sacerdotes necesita ser ordenada al sacerdocio como nación? La respuesta es que, igual que los sacerdotes estaban encargados de ayudar a Israel para que siguiera siendo una nación santa, así también ordenó Dios a la nación de Israel “reino de sacerdotes” para ser ejemplo de una vida santa – para testificar de la gloria, la majestad, y el poder de Yahvé – para acercar a otras naciones a la salvación de Yahvé.

La bendición de otras naciones primero se vio en el pacto original entre Yahvé y Abraham. En ese pacto, Yahvé llamó a Abraham para que dejara la casa de su padre y fuera adonde Yahvé le dijera. A cambio, Yahvé prometió: “Y bendeciré á los que te bendijeren, y á los que te maldijeren maldeciré: y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:3 – énfasis añadido). La responsabilidad de los israelitas con los gentiles se enfatiza en varios lugares de las Escrituras Hebreas. Un ejemplo es Dios llamando a Jonás para testificar ante los ninivitas.

Entonces, Éxodo 19:6 nos ayuda a entender que todo creyente comparte la responsabilidad sacerdotal. Otros versículos del Nuevo Testamento también refuerzan la misma idea:

• “Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados una casa espiritual, y un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables á Dios por Jesucristo” (1 Pedro 2:5).

• “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa” (1 Pedro 2:9).

• “Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes” (Apocalipsis 5:9b-10).

• “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad en éstos; antes serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” (Apocalipsis 20:6).

“El uso de la palabra sacerdote para designar a un grupo de personas en particular, ordenadas como pastores cristianos y apartadas de las personas laicas, no aparece en el Nuevo Testamento… No fue hasta finales del segundo siglo que los pastores que presidían en la Eucaristía fueron llamados ‘sacerdotes,’ y no fue hasta los siglos tercero y cuarto que los clérigos fueron designados como sacerdotes y diferenciados de las personas laicas” (Boring, “Sacerdotes en el Nuevo Testamento,” NIDB, 613).

“á él (Jesucristo) sea gloria (doxa) é imperio (kratos) para siempre jamás. Amén” (v. 6c). Gloria (doxa) es una de las características de Dios, y se refiere a su majestad maravillosa. Dios compartió esta gloria con Jesús. La gloria de Cristo se revela en su presencia entre nosotros, en su obra de salvación, y en el juicio. La gloria de Jesús nos fue revelada en la Transfiguración (Lucas 9:28-36). También la presenciamos en su muerte y resurrección (Lucas 24:26).

Imperio (kratos – dominio) se refiere al ejercicio de poder y fuerza – poder y fuerza utilizados para regir sobre otros. Imperio (dominio) pertenece a Dios, que creó el cielo y la tierra – y que, por lo tanto, rige sobre ellos. Dios comparte este dominio con Jesucristo. En la parousia (la Segunda Venida), Jesús regresará “en una nube con potestad y majestad grande” (Lucas 21:27). “Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y de los que en la tierra, y de los que debajo de la tierra; Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, á la gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:10-11).

“He aquí (idou) que viene con las nubes” (v. 7a). La palabra idou (¡Mira! o ¡Contempla!) nos avisa de que algo importante va a pasar. Ese algo es la Segunda Venida de Jesús. La idea detrás de la Segunda Venida de Jesús empieza en el Antiguo Testamento y “el día de Jehová” o “el día del Señor” (Isaías 13:6, 9; 58:13; Jeremías 46:10; Ezequiel 13:5; 30:3). Con ese día vendrá el juicio de los malvados y la redención de los fieles. El Nuevo Testamento se apropia de esta idea y la usa en conjunto con a la Segunda Venida de Jesús.

En ambos Testamentos las nubes se asocian con la presencia del Señor (Éxodo 13:21-22; 16:10; 19:9; Marcos 9:7). Cuando Israel salió de Egipto, Yahvé les guió como columna de nube durante el día y columna de fuego por la noche (13:21). Más adelante, una nube cubrió el Tabernáculo, simbolizando la presencia de Dios (40:33; Números 9:15; Deuteronomio 31:14). En la Transfiguración, Dios habló desde una nube (Marcos 9:7).

y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra se lamentarán sobre él” (v. 7b). El Evangelio de Juan relata que un soldado traspasó el costado de Jesús con una lanza (Juan 19:34), y después dice, “Porque estas cosas fueron hechas para que se cumpliese la Escritura… Mirarán al que traspasaron” (Juan 19:36-37). Esto recuerda al pasaje del profeta Zacarías, que dijo, “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán á mí, á quien traspasaron, y harán llanto sobre él, como llanto sobre unigénito, afligiéndose sobre él como quien se aflige sobre primogénito” (Zacarías 12:10).

Un soldado romano fue el primero en traspasar el costado de Jesús, pero cada uno de nosotros traspasa su costado al vivir de manera infiel. Cuando Jesús regrese de nuevo, todos lo veremos – fieles e infieles – creyentes y no creyentes. Entre los infieles y los no creyentes habrá llanto y crujido de dientes (Mateo 8:12; 13:42, 50).

“Así sea. Amén” (v. 7c). Este versículo empezó con la palabra griega idou (¡Mira! o ¡Contempla!) – que anuncia la venida de algo importante. Ahora termina con la palabra griega nai (¡Sí! o ¡Verdaderamente! o ¡Ciertamente!) y la palabra hebrea amen – que se usa a menudo para hacer una declaración importante. Las dos palabras (nai y amen) muestran la importancia de lo que se ha dicho. Entonces, versículo 7 empieza y termina con palabras que enfatizan la importancia de su mensaje.

“Yo soy el Alpha y la Omega, principio y fin, dice el Señor” (v. 8a). Esta es la primera de las tres características de Dios que Juan menciona en este versículo. El que habla aquí es “el Señor” (griego: kurios theos) – Dios Padre. Esta característica se menciona dos veces más en este libro – en 21:6 refiriéndose al Padre – y en 22:13 refiriéndose al Hijo.

Alpha y Omega son la primera y la última letra del alfabeto griego. Dios dice, “Soy la A hasta la Z – el primero y el último – el comienzo y el final.” Alpha y Omega representan totalidad.

“que es y que era y que ha de venir” (v. 8b). Esta es la segunda característica de Dios que Juan describe en este versículo. Juan pronunció estas palabras en versículo 4c. Véanse arriba los comentarios de ese versículo.

“el Todopoderoso” (pantokrator) (v. 8c). Esta es la tercera de las tres características de Dios que Juan menciona. Enfatiza el poder y la fuerza de Dios – esto anima y apoya a una iglesia perseguida – una iglesia que necesita la ayuda de Dios.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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Copyright 2013, Richard Niell Donovan