1 Corintios 9:24-272017-03-22T04:45:25+00:00

PASAJE BÍBLICO

1 Corintios 9:24-27

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

EL CONTEXTO:

Estos versículos forman parte de una unidad más grande (8:1 – 11:1) que trata el tema de comer carne sacrificada a los ídolos. Para leer en más detalle de la relación entre capítulos 8, 9, y 10 vaya a la exégesis de 8:1-13.

Pablo se ofreció a sí mismo junto con su propio comportamiento para ilustrar el principio que estableció en capítulo 8. Es decir, que el cristiano debe tener en cuenta las sensibilidades de los demás. Debe tener cuidado de que su comportamiento no viole esas sensibilidades innecesariamente y, por consecuencia, resulte en el tropiezo de otra persona en su camino de fe.

Pablo establece sus credenciales como apóstol – y habla de la relación especial que comparte con la iglesia corintia, que él ha fundado (9:1-2). Después, anota que él tiene los mismos derechos que los demás – derecho a comer y beber – derecho a casarse – y derecho a requerir pago por sus servicios como pastor (9:3-12a).

Pero entonces continúa diciendo, “Mas no hemos usado de esta potestad: antes lo sufrimos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo” (9:12b). ¡Éste es el punto! En capítulo 8, Pablo pidió a los cristianos corintios que subordinaran sus derechos personales (comer carne sacrificada a los ídolos) por el bien del evangelio. Ahora dice que él mismo ha sacrificado ciertos derechos para proclamar mejor el evangelio. Es un ejemplo viviente de que los derechos personales importan menos que la proclamación del evangelio y menos que el bien espiritual de aquéllos que puedan oír su proclamación.

Pablo habla de su obligación de predicar el evangelio (9:16). La recompensa por su lealtad a esta obligación es la satisfacción de hacer el evangelio accesible y gratis para los demás (9:18).

Dice que aunque es un hombre libre, se ha hecho “siervo de todos,” para poder “ganar á más” (9:19). “Y esto hago por causa del evangelio, por hacerme juntamente participante de él” (9:23).

Termina el próximo capítulo diciendo, “Si pues coméis, ó bebéis, ó hacéis otra cosa, haced lo todo á gloria de Dios. Sed sin ofensa á Judíos, y á Gentiles, y á la iglesia de Dios; Como también yo en todas las cosas complazco á todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos. Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (10:31 – 11:1).

1 CORINTIOS 9:24-27: CORRED PARA OBTENER EL PREMIO

24¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos á la verdad corren, mas uno lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. 25Y todo aquel que lucha, de todo se abstiene: y ellos, á la verdad, para recibir una corona corruptible; mas nosotros, incorruptible. 26Así que, yo de esta manera corro, no como á cosa incierta; de esta manera peleo, no como quien hiere el aire: 27Antes hiero (griego: hypopiazo) mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre (griego: doulagoyo); no sea que, habiendo predicado á otros, yo mismo venga á ser reprobado.

“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos á la verdad corren” (v. 24a). Pablo utiliza una metáfora atlética para ilustrar este punto. Igual que los corredores de una carrera deben practicar ciertas disciplinas para ganar la carrera, los cristianos deben practicar ciertas disciplinas para ganar el premio espiritual.

Eruditos anotan que Corintio seguramente era la sede de los juegos del istmo, así llamados por el Istmo de Corintio (un istmo es una franja estrecha de tierra que conecta dos masas de tierra más grandes – Corintio se encontraba en un istmo que conectaba el norte y el sur de Grecia). Estos juegos incluían concursos como carreras, boxeo, y lucha libre. Los corintios conocían bien estos juegos atléticos y la disciplina requerida para ganarlos. Entonces, es posible que Pablo esté amoldando sus metáforas para encajar con algo que estos corintios conocen. Sin embargo, las metáforas atléticas de Pablo son lo suficientemente simples para que cualquier persona las pueda entender.

“mas uno lleva el premio?” (v. 24b). En una competición atlética, solo uno puede ganar primer lugar, aunque muchas veces también se entregan premios menores. De todos modos, el que se lleva el segundo lugar suele sentirse perdedor ya que su meta había sido llegar primero.

Debemos tener cuidado de no pensar demasiado de esta frase, porque el premio espiritual que Pablo describe no se limita a un solo ganador. Muchos ganarán un puesto en el reino de Dios. Aun así, esta frase contiene una advertencia. Igual que en una competición atlética hay ganadores y perdedores, también habrá ganadores y perdedores del premio espiritual.

“Corred de tal manera que lo obtengáis” (v. 24c). Pablo nos alienta a correr la carrera espiritual con el propósito de ganar el premio espiritual. Con esto surge la pregunta de obras versus gracia. ¿Podemos ganar la salvación a través de nuestros propios esfuerzos – aplicando las disciplinas espirituales?

En otro lugar Pablo enfatiza que hemos sido “justificados gratuitamente por su gracia por la redención que es en Cristo Jesús; Al cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia” (Romanos 3:24-25; véase también Romanos 5:1-5, 15-21; 6:14; 11:5-6). No obstante, este consejo de correr para ganar el premio espiritual deja claro que la manera en que llevamos nuestras vidas es un componente importante en el resultado final.

“Y todo aquel que lucha, de todo se abstiene” (v. 25a). El mayor esfuerzo requerido para ganar una carrera (o cualquier otro concurso) toma lugar antes de la carrera. Ganar hoy requiere haber practicado ayer – y anteayer – y el día anterior a ése. También requiere otras disciplinas que tienen que ver con dormir, la dieta, el estudio de la competición, el desarrollo de una estrategia, etcétera. La competición misma es una pequeña parte de todo lo que se requiere del competidor. El mayor esfuerzo se encuentra bajo la superficie y fuera de alcance de lo que vemos.

¿Qué disciplinas debemos observar para ganar el premio espiritual? Las tradicionales disciplinas cristianas incluyen leer la Biblia, la oración, y el ayuno. Pero hay otras disciplinas que debemos considerar. Jesús enfatizó alimentar al hambriento, dar de beber al sediento, acoger al extranjero, vestir al desnudo, cuidar del enfermo, y visitar al prisionero (Mateo 25:31-46).

Pocos cristianos hacen todas estas cosas y ninguno las hace perfectamente. Todos dependemos de la gracia de Dios. Aun así, las disciplinas espirituales nos acercan a Dios – nos ayudan a ser las personas que Dios creó – a estar mejor equipadas para el reino de Dios.

“y ellos, á la verdad, para recibir una corona corruptible; mas nosotros, incorruptible” (v. 25b). Hoy se reconocen a los grandes ganadores por medio de trofeos, o anillos del Super Bowl, o estatuillas del Oscar. Cada una de estas cosas tiene valor intrínseco monetario, pero ese valor palidece ante la declaración de que el que los posea es el mejor de los mejores.

En los tiempos de Pablo, los que ganaban competiciones atléticas recibían coronas de laurel, ramas de olivo, o apio. Esos premios no tenían ningún valor monetario, pero los competidores los deseaban por la misma razón por la que los jugadores de fútbol americano ansían por un anillo del Super Bowl. Todos sabían que el que poseía la corona de laurel era el mejor de los mejores.

Pablo hace un contraste entre esas coronas, que pronto marchitan, con el premio espiritual al que llama a los cristianos corintios. Coronas de laurel perecen pronto, pero el premio que los cristianos quieren alcanzar no perece y es una casa “eterna en los cielos” (2 Corintios 5:1).

“Así que, yo de esta manera corro, no como á cosa incierta” (v. 26a). Muchos corren sin rumbo, subiendo la escalera a ciegas sin fijarse a ver si está contra la pared correcta. No saben si van o vienen, pero siguen determinados en llegar primero. O, simplemente repiten el ciclo diario que parece ser su destino: el trabajo, la comida, y el dormir – sin otro propósito aparente que no sea sobrevivir.

Pero Pablo no corre sin rumbo. Dios le ha pedido que proclame el Evangelio y lo hace sin descanso. En parte lo hace para ser fiel a quien le ha llamado, pero también lo hace para ganar el premio espiritual que persigue – el mismo premio espiritual que estos cristianos corintios deben perseguir.

“de esta manera peleo, no como quien hiere el aire” (v. 26b). Esta es una metáfora paralela al correr hacia “cosa incierta.” Pablo no lucha contra el aire. No tira puños a la nada, sin propósito ni estrategia.

“Antes hiero (hypopiazo) mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre” (doulagoyo) (v. 27a). El verbo hypopiazo es una palabra compuesta que puede traducirse literalmente como “pegar bajo el ojo,” pero en este contexto tiene más que ver con el calmar de las pasiones.

El verbo doulagoyo puede traducirse literalmente como “esclavizar,” pero en este contexto se refiere a la imposición de disciplina para subyugar al cuerpo. Nos podríamos preguntar, “¿subyugarlo a qué?” Pablo diría que está determinado a subyugarse el cuerpo ante el premio espiritual que persigue – y que alienta a estos cristianos corintios que hagan lo mismo.

“no sea que, habiendo predicado á otros, yo mismo venga á ser reprobado” (v. 27b). Sería una gran ironía si Pablo proclamara el Evangelio a los demás (de manera que les ayude a ganar su salvación) mientras llevara una vida que le descalificara del premio espiritual. Está decidido a no dejar que eso pase. Él mismo practica disciplinas espirituales para estar preparado para el reino de Dios.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

BIBLIOGRAFÍA:

Barclay, William, Daily Study Bible: Letters to the Corinthians, (Edinburgh: The Saint Andrew Press, 1975)

Barrett, C.K., Black’s New Testament Commentary: The First Epistle to the Corinthians (Peabody, Massachusetts: Hendrickson Publishers, 1993)

Chafin, Kenneth L., The Preacher’s Commentary: 1-2 Corinthians, Vol. 30 (Nashville: Thomas Nelson, Inc., 1985)

Fee, Gordon D., The New International Commentary on the New Testament: The First Epistle to the Corinthians (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1987)

Cousar, Charles B., in Brueggemann, Walter; Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R.; and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV–– Year B (Louisville: Westminster John Knox Press, 1993)

Hayes, Richard B., Interpretation: First Corinthians (Louisville: John Knox Press, 1997)

Holladay, Carl R., in Craddock, Fred B.; Hayes, John H.; Holladay, Carl R.; Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, B (Valley Forge: Trinity Press International, 1993)

Horsley, Richard A., Abingdon New Testament Commentary: 1 Corinthians (Nashville: Abingdon Press, 1998)

MacArthur, John, Jr., The MacArthur New Testament Commentary: 1 Corinthians (Chicago: The Moody Bible Institute of Chicago, 1984)

Morris, Leon, Tyndale New Testament Commentaries: 1 Corinthians, Vol. 10 (Downers Grove, Illinois: InterVarsity Press, 1985)

Nash, Robert Scott, Smyth & Helwys Bible Commentary: 1 Corinthians (Macon, Georgia: Smyth & Helwys Publishing, Inc., 2009)

Rogness, Michael, in Van Harn, Roger (ed.), The Lectionary Commentary: Theological Exegesis for Sunday’s Text. The First Readings: The Old Testament and Acts (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 2001)

Sampley, J. Paul, The New Interpreter’s Bible: Acts, Romans, 1 Corinthians, Vol. X (Nashville: Abingdon Press, 2002)

Soards, Marion, New International Biblical Commentary: 1 Corinthians (Peabody, Massachusetts: Hendrickson Publishers, 1999)

www.sermonwriter.com

www.lectionary.org

We welcome your feedback! [email protected]

Copyright 2011, Richard Niell Donovan