1 Corintios 15:01-112017-03-22T04:45:22+00:00

PASAJE BÍBLICO

1 Corintios 15:01-11

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

EL CONTEXTO:

Corintio era una ciudad rica e importante en el istmo (franja estrecha de tierra) que separa el norte del sur de Grecia. El Apóstol Pablo pasó allí 18 meses durante su Segundo Viaje de Misionero y fundó allí una iglesia. La obra de Pablo en Corintio durante este tiempo se relata en Hechos 18 con bastante detalle.

Al terminar su visita a Corintio, Pablo se marchó para visitar Éfeso, Jerusalén, Antioquía, y Galacia (Hechos 18:18-23). Después de salir de Corintio, escribió una carta a los cristianos de Corintio avisándoles, “no os envolváis con los fornicarios” (5:9), pero esa carta se ha perdido.

Pablo escribe esta carta para responder a un informe de la gente de Cloé sobre los problemas que hay en la iglesia de Corintio (1:11). En la carta, Pablo les ofrece enseñanza apostólica para responder a estos problemas, que incluían:

• Preguntas de la autoridad apostólica de Pablo (capítulos 1, 4)

• Divisiones en la iglesia (capítulos 3-4)

• Inmoralidad sexual (capítulo 5)

• Pleitos entre creyentes (capítulo 6)

• Preguntas del matrimonio y la sexualidad (capítulo 7)

• Preguntas de consumir alimentos de animales sacrificados a los ídolos (capítulos 8-10)

• Abusos durante la Cena del Señor (capítulo 11)

• Temas relacionados con dones espirituales (capítulos 12-14)

Estos eran (con la excepción de las preguntas de la autoridad de Pablo) temas morales y éticos – temas relacionados con el comportamiento de los cristianos corintios. Sin embargo ahora, en capítulo 15, Pablo entra en doctrina, dirigiéndose a lo que creen los cristianos corintios. La doctrina se trata de la resurrección de Cristo – y de como esta doctrina apoya y mantiene la creencia en la resurrección de los que fallecen.

En capítulo 2 Pablo trató el tema de la crucifixión de Cristo. Ahora, en capítulo 15, habla de la resurrección, la de Cristo (15:1-11) y la nuestra (15:12-58). Entonces, capítulos 2 y 15 hacen de marco para las partes de esta carta que se dirigen a temas éticos.

Algunos cristianos corintios han cuestionado la resurrección de creyentes. Sus dudas surgieron de dos fuentes:

Primero, algunos de ellos son judíos, y en aquel entonces el judaísmo estaba dividido en cuanto a la resurrección. El Antiguo Testamento habla de Sheol como la morada de los muertos – un lugar donde los que han fallecido quedan apartados de los vivos y de Dios. En su principio, el pueblo judío solía pensar de Sheol solo como una tumba. Con el pasar del tiempo, su sistema de creencias empezó a adaptarse a la resurrección. Aunque el Antiguo Testamento no usa la palabra resurrección, sí incluye varias alusiones a esta palabra:

• “Yo hago morir, y yo hago vivir” (Deuteronomio 32:39).

• “Jehová mata, y él da vida: El hace descender al sepulcro, y hace subir” (1 Samuel 2:6).

• “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo: Y después de deshecha esta mi piel, aun he de ver en mi carne á Dios” (Job 19:25-26).

• “Destruirá á la muerte para siempre; y enjugará el Señor toda lágrima de todos los rostros” (Isaías 25:8).

• “Tus muertos vivirán; junto con mi cuerpo muerto resucitarán” (Isaías 26:19).

• “He aquí, yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío… Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abriere vuestros sepulcros, y os sacare de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi espíritu en vosotros, y viviréis” (Ezequiel 37:12-14). Estas palabras de Ezequiel se refieren al renacer de Israel como pueblo de fe en lugar de la resurrección del creyente individual.

• “Darános vida después de dos días: al tercer día nos resucitará y viviremos delante de él” (Ósea 6:2).

Ya para los tiempos del Nuevo Testamento, algunos judíos (como los saduceos) negaban cualquier posibilidad de resurrección o de vida después de la muerte, mientras que otros judíos (como los fariseos) sí creían en la resurrección de los muertos (Mateo 22:23; Marcos 12:18).

Segundo, Corintio es una ciudad griega, y los griegos estaban muy influidos por el dualismo platónico. El dualismo divide las cosas en dos partes, como el bien y el mal o la materia y la no-materia. Muchos dualistas pensaban de la materia (nuestros cuerpos) como cosa sin importancia y/o malvada, y de la no-materia (nuestras almas) como algo bueno. Platón enseñaba que el cuerpo físico es una copia imperfecta de las formas perfectas que existen en el mundo espiritual. Decía que el cuerpo es mortal pero que el alma existía ya antes de existir vida en la tierra – y que seguirá existiendo después de esta vida. A los griegos (inclusive cristianos corintios), criados en un ambiente dualista, les resultaba difícil creer en la resurrección del cuerpo. Para ellos, el cuerpo era algo que se dejaba atrás, y con gusto – adiós muy buenas. Ellos se enfocaban en la preservación del alma.

El judaísmo, sin embargo, enfatizaba una forma entera de la persona – cuerpo y alma. Énfasis que continuó en la iglesia corintia. Pablo quiere comunicarles a los cristianos corintios que creer en la resurrección – la de Cristo y la resurrección general de creyentes – es una parte fundamental de la fe cristiana.

Más adelante en este capítulo, Pablo explica que el cuerpo resucitado es diferente al cuerpo que conocemos ahora. Dice, “Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción se levantará en incorrupción; Se siembra en vergüenza, se levantará con gloria; se siembra en flaqueza, se levantará con potencia; Se siembra cuerpo animal, resucitará espiritual cuerpo. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual” (15:42-44).

Como se anota arriba, en este capítulo Pablo se dirige a ambos la resurrección de Cristo (15:1-11) y a la nuestra (15:12-58).

1 CORINTIOS 15:1-2: EL EVANGELIO QUE OS HE PREDICADO

1Ademas os declaro, hermanos, el evangelio (griego: euangelion) que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; 2Por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.

“Además os declaro, hermanos, el evangelio (euangelion) que os he predicado” (v. 1a). Pablo fue el pastor fundador de la iglesia en Corintio y pasó dieciocho meses trabajando entre ellos (Hechos 18:11). Fue él que primero habló a esta gente de la muerte de Cristo, su resurrección, y ascensión.

“el evangelio” (euangelion). El sustantivo griego, euangelion, y su forma verbal, euangelizo, combinan las palabras eu (bueno) y angelos (ángel o mensajero) para crear el significado “buenas noticias.” En el uso secular, se usaba euangelion para referirse a las buenas noticias de una batalla ganada – o para hablar del premio entregado a un mensajero que anunciaba victoria. En el Antiguo Testamento, la palabra hebrea mebasser es parecida a la palabra euangelion y se refiere a un heraldo de buenas noticias (Isaías 40:9; 52:7-10; 60:6; 61:1).

El Nuevo Testamento utiliza euangelion para hablar de las buenas noticias del perdón del pecado y de la promesa de vida eterna a través de la muerte, el entierro, y la resurrección de Jesucristo. Pablo utiliza estas formas de euangelion casi cincuenta veces en sus epístolas.

“el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis” (v. 1b). Antes, los cristianos corintios habían recibido favorablemente la proclamación de las Buenas Noticias por parte de Pablo. Así es como llegaron a ser cristianos. Las Buenas Noticias de esa proclamación formaron los cimientos de su fe.

“Por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos” (v. 2a). En griego, la frase “ser salvo” está en el presente. En griego, el tiempo presente expresa que la acción aún continúa. Por eso, Pablo no les dice a estos cristianos corintios que han sido salvados (una acción terminada), sino que están ahora en proceso de salvación.

“si retenéis la palabra que os he predicado” (v. 2b). El griego original para esta frase es difícil de traducir, pero la idea es que la salvación depende de su adherencia al mensaje que Pablo les ha predicado.

“si no creísteis en vano” (v. 2c). Mucho depende de lo que estos cristianos corintios han creído. La mayoría de nosotros suele pensar que lo que se oye y lo que se escucha no son necesariamente la misma cosa. Cabe la posibilidad de que estos cristianos corintios hayan creído algo muy distinto del Evangelio que Pablo les ha proclamado, resultando en que su creencia sea en vano.

1 CORINTIOS 15:3-8: CRISTO FUE MUERTO, FUE SEPULTADO, Y RESUCITÓ

3Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo fué muerto por nuestros pecados conforme á las Escrituras; 4Y que fué sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme á las Escrituras; 5Y que apareció á Cefas, y después á los doce. 6Después apareció á más de quinientos hermanos juntos; de los cuales muchos viven aún, y otros son muertos. 7Después apareció á Jacobo; después á todos los apóstoles. 8Y el postrero de todos, como á un abortivo (griego: ektromati), me apareció á mí.

“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí” (v. 3a). A pesar de que la preocupación principal de Pablo es si estos cristianos corintios creen que sus cuerpos resucitarán con la venida de Cristo, Pablo primero se dirige a la resurrección de Jesús (vv. 3-8), un tema de suma importancia. La fe cristiana se encuentra en la resurrección de Jesús. Si Jesús no hubiera resucitado de la muerte, “vana es entonces nuestra (de Pablo) predicación, vana es también vuestra (de los corintios) fe” (15:14)

“Que Cristo fue muerto” (v. 3b). Para que Cristo resucitara de la muerte, primero tenía que morir. Esto es lo primero que Pablo deja claro. Jesús murió.

“por nuestros pecados” (v. 3c). Que Cristo murió por nuestros pecados tiene que ver con la doctrina de expiación por sustitución – una idea que predomina en ambos el Antiguo y el Nuevo Testamento.

La expiación tiene que ver con la reparación del daño espiritual causado por el pecado. También tiene que ver con la restauración de las relaciones quebradas por el pecado – en particular, la relación que disfrutábamos con Dios antes de aparecer el pecado en el mundo. Nuestro pecado (no cumplir la voluntad de Dios – nuestra desobediencia voluntaria) rompió esa relación, porque Dios es santo (moral y espiritualmente perfecto) y espera que nosotros también seamos santos (Levítico 19:2; 1 Pedro 1:15).

Nuestro pecado, entonces, crea un conflicto para Dios. Por un lado, le repulsa nuestro pecado, pero por otro lado, nos ama. Por un lado, no se anima a invitarnos a compartir plenamente de su compañía mientras permanecemos manchados por el pecado. Por otro lado, tampoco se anima a despedirnos por completo.

Entonces, de acuerdo con su santidad (que exige nuestro castigo) y su amor (que exige nuestra reconciliación), Dios diseñó un proceso para santificarnos de nuevo y para poder recibirnos plenamente. Este proceso se llama expiación por sustitución – “por sustitución” significa que Dios aceptaría un sustituto para recibir el castigo por nuestros pecados y “expiación” significa que seremos restaurados a una completa hermandad con Dios.

Cristianos a menudo se refieren a la expiación como “hacerse uno,” para transmitir la idea de que expiación significa reconciliación con Dios. Esto concuerda con la palabra latina adunamentum, que tiene que ver con la unidad y es el latín tras la palabra atonement (expiación) en inglés (Encarta).

En el Antiguo Testamento la expiación se conseguía por medio del sacrificio de animales. Dios requería que los israelitas sacrificaran animales en un rito sagrado para expiar (reconciliar) sus pecados (Éxodo 30:10; Levítico 1:4; 4:20-21, etcétera). La gente merecía morir por sus pecados, pero Dios les permitía sacrificar animales en su lugar. La muerte de los animales satisfacía la necesidad que Dios tenía por justicia, así haciendo posible el perdón de sus pecados.

Esta idea de expiación por sustitución también ocupa lugar en el Nuevo Testamento, y explica la muerte de Jesús:

“Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:28).

• Jesús es “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29, 36).

• Somos “luego mucho más ahora, justificados en su sangre (y por lo tanto), por él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:9).

• Cristo es “nuestra pascua” – nuestro cordero pascual (1 Corintios 5:7).

• “Que Cristo fue muerto por nuestros pecados conforme á las Escrituras” – un tema al que el Apóstol Pablo se refirió “primeramente” (1 Corintios 15:3).

• Cristo “murió por todos” (2 Corintios 5:14).

• “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición” (Galatos 3:13).

• “Cristo nos amó, y se entregó á sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio á Dios en olor suave” (Efesios 5:2).

Expiación por sustitución no solo satisface la necesidad que Dios tiene por justicia y merced, pero también muestra la terrible naturaleza de nuestro pecado y sus consecuencias. Nos ayuda a comprender que nuestros pecados no son simplemente pequeños errores por los que solo se necesita una disculpa pasajera. Nos ayuda a comprender que “el precio del pecado es la muerte” y que “la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23), la cual necesitamos desesperadamente.

“conforme á las Escrituras” (v. 3d). Esto es importante ya que sitúa la resurrección de Cristo en las escrituras. Cuando Pablo dice, “conforme a las Escrituras,” está hablando, claramente, de las escrituras hebreas – lo que nosotros llamamos el Antiguo Testamento.

Aquí Pablo no especifica cuales escrituras, pero hay varios pasajes en el Antiguo Testamento a los que se podía referir.

• “Porque no dejarás mi alma en el sepulcro; Ni permitirás que tu santo vea corrupción” (Salmo 16:10).

• “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. De la cárcel y del juicio fue quitado; y su generación ¿quién la contará? Porque cortado fue de la tierra de los vivientes; por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y dipúsose con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; porque nunca hizo él maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole á padecimiento. Cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.

Del trabajo de su alma verá y será saciado; con su conocimiento justificará mi siervo justo á muchos, y él llevará las iniquidades de ellos. Por tanto yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los perversos, habiendo él llevado el pecado de muchos y orado por los transgresores” (Isaías 53:9-12).

• “Darános vida después de dos días: al tercer día nos resucitará y viviremos delante de él” (Ósea 6:2).

• “En aquel día yo levantaré el tabernáculo de David, caído, y cerraré sus portillos, y levantaré sus ruinas, y edificarélo como en el tiempo pasado” (Amos 9:11).

• Véanse también Deuteronomio 18:15; Salmo 2:7; 110:1; 118:21-23; y Daniel 7:13-15.

Pero, como se anota arriba, la idea de expiación por sustitución tenía sus raíces en el sistema judío de sacrificios, que se encuentra a través del Antiguo Testamento – hasta llegar al sacrificio que Jesús hizo en la cruz.

“Y que fue sepultado” (v. 4a). El entierro del cuerpo de Jesús confirma su muerte aún más. José de Arimatea y Nicodemo, al preparar el cuerpo de Jesús para su entierro, se hubieran dado cuenta si Jesús no estaba verdaderamente muerto (Juan 19:38-42).

“y que resucitó al tercer día, conforme á las Escrituras” (v. 4b). Véase las escrituras mencionadas en los comentarios de versículo 3d – particularmente Ósea 6:2.

Anote también que Jesús dijo, “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré” (Juan 2:19). Judíos pensaban que se refería al templo de Jerusalén, “Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron á la Escritura, y á la palabra que Jesús había dicho” (Juan 2:21-22).

“Y que apareció á Cefas” (v. 5a). En versículos 5-8, Pablo se refiere a seis apariencias de resurrección, que no son todas. En particular, Pablo no menciona ninguna de las apariciones ante las mujeres.

Kistemaker ha compilado una lista de diez apariencias de la resurrección (Kistemaker, 48):

1. Las mujeres en la tumba (Mateo 28:9-10)
2. María Magdalena (Marcos 16:9-11; Juan 20:11-18)
3. Dos hombres de Emaús (Marcos 16:12; Lucas 24:13-32)
4. Pedro en Jerusalén (Lucas 24:34; 1 Corintios 15:5)
5. Diez discípulos (Lucas 24:36-43; Juan 20:19-23)
6. Once discípulos (Juan 20:24-29; 1 Corintios 15:5)
7. Siete discípulos pescando en Galilea (Juan 21:1-23)
8. Once discípulos en Galilea (Mateo 28:16-20; Marcos 16:14-18)
9. Quinientas personas (supuestamente en Galilea; 1 Corintios 15:6)
10. Santiago, el hermano del Señor (1 Corintios 15:7)

La primera aparición que menciona Pablo fue a Cleofás, el nombre de Simón Pedro en arameo (Pedro es su nombre en griego). Ésta sería la aparición que se menciona en Lucas 24:34. Anote que antes de ver al Cristo resucitado, Pedro también vio la tumba vacía (Juan 20:6-7).

“y después á los doce” (v. 5b). La segunda aparición de la resurrección que Pablo menciona fue ante “los doce.” Con la muerte de Judas, el número de apóstoles se había reducido a once, pero “los doce” seguía siendo la manera en que se referían a los apóstoles. En la lista de Kistemaker, puede ser apariencia número cinco, seis, u ocho.

Anote que en versículo 7, Pablo habla de una apariencia “a todos los apóstoles.” En la lista de Kistemaker, ésta podría ser número seis u ocho.

“Después apareció á más de quinientos hermanos juntos; de los cuales muchos viven aún, y otros son muertos” (v. 6). No tenemos ninguna documentación de esta aparición, excepto este versículo. No obstante, la temprana iglesia la conocería. Al fin y al cabo, quinientas personas vieron al Cristo resucitado en esta aparición y ellas transmitirían la palabra por todo lo alto.

El comentario de Pablo acerca de los quinientos estando aún vivos nos dice que estos cristianos corintios pueden verificar esta aparición si están dispuestos a hacerlo. Había cientos de testigos que aún vivían que lo podían confirmar.

“Después apareció á Jacobo” (v. 7a). Pablo no especifica a cuál Jacobo (Santiago) se le apareció. En la lista de apóstoles que aparece en Lucas 6:14-16, se mencionan tres hombres que se llaman Jacobo (Santiago). El Jacobo de versículo 14 es hijo de Zebedeo y hermano de Juan. En versículo 15, Jacobo es hijo de Alfeo, de quien no sabemos nada más. El Jacobo de versículo 16 no era apóstol, sino el padre del apóstol Judas (no Iscariote).

También es posible que se trate de Jacobo, el medio hermano de Jesús (Marcos 6:3). En su carta a Galatos, Pablo se refiere a Jacobo, el hermano del Señor, como apóstol (Galatos 1:19). Eusebio se refiere a este Jacobo como el primer obispo de Jerusalén, y le da el título “El Justo.” Anote que católicos piensan de Jacobo como el primo de Jesús y no como su hermano.

“después á todos los apóstoles” (v. 7b). Véanse arriba los comentarios de versículo 5b).

Además de los doce apóstoles originales, cuyos nombres aparecen en Mateo 10:2b-4, los siguientes también aparecen como apóstoles en otros lugares:

• Matías (Hechos 1:26)

• Pablo (Hechos 14:14; Galatos 1:1)

• Bernabé (Hechos 14:14)

• Santiago, el hermano del Señor (1 Corintios 1:19)

• Quizá los otros hermanos del Señor (1 Corintios 9:5)

• Andrónico y Junia (Romanos 16:7)

Cuando Pablo dice “después a todos los apóstoles” en este versículo, se refiere a una sola aparición. Lo más probable es que Pablo no estuviera entre los apóstoles que vieron esa aparición – sino, lo hubiera mencionado. No se sabe si algunos de la lista de arriba estarían ausentes durante esta aparición.

“Y el postrero de todos, como á un abortivo (ektromati – de ektroma), me apareció á mí” (v. 8). La aparición de Jesús a Saulo (cuyo nombre después cambió a Pablo) se relata en Hechos 9:1-8). Saulo, un fariseo, había perseguido a la iglesia con recelo. En camino a Damasco, con la intención de arrestar a cualquier seguidor de Jesús que pudiera encontrar, una luz brillante del cielo le cegó y una voz preguntó, “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Pablo preguntó, “¿Quién eres, Señor?” La voz respondió, “Yo soy Jesús á quien tú persigues. Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que te conviene hacer.” Los hombres que habían estado con Saulo le guiaron de la mano a Damasco, donde Saulo se hizo cristiano (Hechos 9:10-19).

“como á un abortivo” (ektromati – de ektroma). Los griegos usaban la palabra ektroma para el aborto – un bebe nacido en un momento equivocado. Pablo la usa para describirse a si mismo porque se hizo apóstol bastante más tarde que los demás – después de la ascensión de Jesús. Al contrario de los doce apóstoles originales, Pablo nunca pudo caminar por Israel con Jesús – ni pudo oírle hablar a las multitudes – ni presenciar sus milagros.

1 CORINTIOS 15:9-11: ASÍ PREDICAMOS

9Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí la iglesia de Dios. 10Empero por la gracia (griego: chariti – de charis) de Dios soy lo que soy: y su gracia no ha sido en vano para conmigo; antes he trabajado más que todos ellos: pero no yo, sino la gracia de Dios que fue conmigo. 11Porque, ó sea yo ó sean ellos, así predicamos, y así habéis creído.

“Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí la iglesia de Dios” (v. 9). Algunos cristianos corintios critican a Pablo diciendo, “Porque á la verdad, dicen, las cartas son graves y fuertes; mas la presencia corporal flaca, y la palabra menospreciable” (2 Corintios 10:10). Pablo, sin embargo, no es ninguna violeta marchita. En otro lugar se defiende vigorosamente relatando el sufrimiento que enduró a causa de Cristo (2 Corintios 10-11). Declara que Dios le había apartado para el ministerio antes de haber nacido (Galatos 1:15). Habla de como Santiago y Cefas (Pedro) y Juan patrocinaron su ministerio apostólico (Galatos 2:9). En su carta a los Filipenses dice, “Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno parece que tiene de qué confiar en la carne, yo más: Circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, Hebreo de Hebreos; cuanto á la ley, Fariseo; Cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; cuanto á la justicia que es en la ley, irreprensible” (Filipenses 3:4-6).

Pero aquí se llama a si mismo “el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol.” Esta declaración no es un complejo de inferioridad o falsa humildad. Se describe como “el más pequeño” y dice “no soy digno” porque “perseguí la iglesia de Dios,” refiriéndose a sus actividades relatadas en Hechos 8.

“Empero por la gracia (chariti – de charis) de Dios soy lo que soy” (v. 10a). Gracia (charis) es una palabra importante en el Nuevo Testamento, particularmente en las epístolas de Pablo. El uso de charis en el Nuevo Testamento tiene raíces en la palabra hebrea hesed, que aparece en el Antiguo Testamento para hablar de la amabilidad, la merced, y la lealtad que Dios nos da con amor.

Los griegos a menudo usaban la palabra charis para hablar de patrocinio (el apoyo de un patrón, por ejemplo el apoyo político o económico). Para los griegos, la palabra charis implicaba generosidad – generosidad que requería lealtad por parte de quien la recibía.

Entonces, es fácil entender por qué Pablo adaptaría la palabra charis al Evangelio. Charis cristiano es el don de la salvación de Dios para todos los que acepten el Señorío de Jesucristo. Dios, por lo tanto, es el patrón – el benefactor. De la misma manera que nosotros nunca podríamos repagar a una persona que nos deja una herencia de riqueza inimaginable, tampoco nosotros podremos repagar a Dios el don de la salvación. No obstante, si un patrón nos concediera riqueza inimaginable, le seríamos fieles utilizando el dinero según sus deseos o valores. Así también nosotros podemos serle fiel al Dios que nos ofrece nuestra salvación, viviendo según su voluntad.

Pablo reconoce que él no merece ningún crédito por su apostolado. Es apóstol por la gracia de Dios.

“y su gracia no ha sido en vano para conmigo; antes he trabajado más que todos ellos” (v. 10b). Pablo se sentía endeudado por haber recibido el apostolado – el más alto oficio de la iglesia – pero eso solo aumentó su determinación de no malgastar el don que Dios le había dado. Por eso trabajó aún más duro que los otros apóstoles.

Miremos brevemente los otros discípulos:

• La lista en Mateo 10:2b-4 incluye a Simón Pedro y su hermano Andrés, Jacobo (Santiago) hijo de Zebedeo y su hermano Juan, Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo (Santiago) hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananita, y Judas Iscariote.

• Más adelante aparecen referencias en el Nuevo Testamento que incluyen a Matías (Hechos 1:26), Bernabé (Hechos 14:14), Santiago el hermano del Señor (Galatos 1:19), Andrónico y Junia (Romanos 16:7), quizá los otros hermanos de Jesús (1 Corintios 9:5) – y, claro, Pablo (Hechos 14:14; Galatos 1:1).

Ahora piense en cuáles de los apóstoles competirían con Pablo basándose en su trabajo. Pedro, por supuesto, era el líder de los apóstoles durante la vida de Jesús, y fue bastante activo en el ministerio de la temprana iglesia. Sin embargo, en el libro de Hechos de los Apóstoles, Saulo (Pablo) se convirtió a la fe en Hechos 9 y comenzó su ministerio activamente en Hechos 13. La última mención de Pedro en el libro de Hechos aparece en capítulo 15. Después, el libro de Hechos relata principalmente el ministerio de Pablo. Es decir, comenzando con Hechos 13, tenemos una transición en el liderazgo de Pedro a Pablo.

El logro principal de Andrés fue traer a su hermano, Pedro, a Jesús (Juan 1:40-41). Herodes Agripa ejecutó a Santiago pronto en la historia de la iglesia (Hechos 12:2). Su hermano Juan a menudo se reconoce como el autor de varios libros del Nuevo Testamento (el Evangelio de Juan, Juan 1, Juan 2, Juan 3, y Apocalipsis), aunque se cuestiona si de verdad escribió el Evangelio y Apocalipsis. Tomás es famoso por sus dudas – pero es posible que fundara la iglesia en India. Judas, claro, es famoso por traicionar a Jesús. Santiago, el medio hermano de Jesús, se hizo líder de la iglesia de Jerusalén. Bernabé se asociaba generalmente con Pablo aunque se separaron pronto después de regresar de Antioquía (Hechos 15:30-41; Galatos 2:11-14). Sabemos muy poco o nada de los demás.

Pablo, por otro lado, fue muy activo. Se le atribuyen trece libros del Nuevo Testamento, aunque se cuestiona si escribió seis de ellos. Aunque escribió sus cartas para resolver problemas específicos en lugares determinados, sus cartas han contribuido de manera monumental a la teología cristiana. Nadie, excepto Jesús, contribuyó más al pensamiento cristiano. En sus tres viajes de misionero, Pablo fundó numerosas iglesias y ganó a mucha gente para Cristo. Fue el apóstol principal entre los gentiles, y está muy justificado cuando dice que ha trabajado más duro que los otros apóstoles.

“pero no yo, sino la gracia de Dios que fue conmigo” (v. 10b). En la teología de Pablo, todo lo bueno viene a través de la gracia de Dios. Previamente en la carta, al tratar el tema de las divisiones en la iglesia corintia, Pablo lo expresó claramente, “¿Qué pues es Pablo? ¿Y qué es Apolos? Ministros por los cuales habéis creído; y eso según que á cada uno ha concedido el Señor. Yo planté, Apolos regó: mas Dios ha dado el crecimiento. Así que, ni el que planta es algo, ni el que riega; sino Dios, que da el crecimiento” (3:5-7).

“Porque, ó sea yo ó sean ellos, así predicamos, y así habéis creído” (v. 11). En este capítulo Pablo quiere proclamar la resurrección de Cristo – y la de los que creen en Cristo. Se distrajo un momento en versículo 10 para defender su obra, pero ahora reconoce que no importa quien proclama el mensaje siempre que los que lo oigan lleguen a creer en Jesucristo. Las palabras de Pablo citadas en el párrafo anterior (3:5-7), son las que importan.

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html. Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

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