1 Samuel 3:1-202017-03-22T04:43:29+00:00

ESCRITURA

1 Samuel 3:1-20

 

RECURSOS PARA PREDICAR
Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

EXÉGESIS:

EL CONTEXTO:

El Primer Libro de Samuel comienza con un relato de Anna, la esposa de Elcana.  A pesar de ser muy querida, Anna no podía concebir hijos, y esto le causaba un terrible dolor.  Fue al templo de Silo para pedir la ayuda de Dios.  Con una fervorosa oración, prometió, “Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, mas dieres á tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré á Jehová todos los días de su vida, y no subirá navaja sobre su cabeza” (1:11).

El Señor escuchó la oración de Anna y ésta concibió un hijo a quien llamó Samuel.  Una vez que Samuel fuese destetado (alrededor de los tres años), Anna le llevó al templo y dijo, “Yo pues le vuelvo también á Jehová: todos los días que viviere, será de Jehová” (1:28). Después, rezó una oración que más adelante sería el modelo para el Magníficat de María (2:1-10; Lucas 1:46-55).

El relato entonces pasa a la historia de los hijos malvados de Eli, Ophni y Phiness (1:11-17), quienes “menospreciaban los sacrificios de Jehová” (2:17).  Eli fracasó al no corregir a sus hijos (1:22-25), cuyas vidas contrastan drásticamente con la de Samuel, ya que Samuel “iba creciendo, y adelantando delante de Dios y delante de los hombres” – palabras que Lucas usará más adelante para referirse a Jesús (2:26: Lucas 2:52).

Entonces, “un varón de Dios” regaña a Eli por no haber corregido a sus hijos.  Este hombre dijo que Dios cortaría con Eli y con su familia (2:27-36). El texto no llama profeta a este hombre, pero sí desempeña un ministerio profético.  En este libro el profeta es Samuel.

El leccionario hace opcionales versículos 11-20, pero el predicador haría bien en incluirlos – y versículo 21 también.  En esta historia, Dios alza a Samuel para reemplazar al débil Eli y a sus hijos corruptos – para hacer abundante la palabra del Señor que ha faltado durante el tiempo de Eli (3:1).  Para entender del todo el poder contenido en esta historia léase el capítulo entero.

 

1 SAMUEL 3:1: EL JOVEN SAMUEL MINISTRABA Á JEHOVÁ DELANTE DE ELI

1Y el joven Samuel ministraba á Jehová delante de Eli: y la palabra de Jehová era de estima en aquellos días; no había visión manifiesta.

“Y el joven Samuel ministraba á Jehová delante de Eli” (v. 1a).  No sabemos la edad de Samuel en este momento, pero seguramente era un adolescente o un hombre joven.  Lo último que supimos de él fue que “iba creciendo, y adelantando delante de Dios y delante de los hombres” (2:26).

Estas son dos frases importantes de este versículo.  Primero, Samuel está cumpliendo el ministerio del Señor – haciendo lo que Anna había prometido.  Segundo, lo hace bajo la supervisión de Eli.  Eli tiene muchos defectos como sacerdote y sus días están contados, pero sigue siendo el sacerdote a cargo del templo en Silo.

“y la palabra de Jehová era de estima en aquellos días; no había visión manifiesta” (v. 1b).  Aunque este versículo no liga de manera explícita la ausencia de la palabra de Dios a la profecía contra Eli y su casa (2:22-36), la relación entre ambos está clara.  Eli y sus hijos no han sido fieles, y por eso Dios ha retenido su palabra.

Pero Dios no se ha ausentado permanentemente.  Está a punto de nombrar profeta a Samuel, y Samuel traerá la palabra del Señor al pueblo.

 

1 SAMUEL 3:2-3: SAMUEL ESTABA DURMIENDO EN EL TEMPLO DE JEHOVÁ

2Y aconteció un día, que estando Eli acostado en su aposento, cuando sus ojos comenzaban á oscurecerse, que no podía ver, 3Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde el arca de Dios estaba: y antes que la lámpara de Dios fuese apagada.

“Y aconteció un día, que estando Eli acostado en su aposento, cuando sus ojos comenzaban á oscurecerse, que no podía ver” (v. 2).  En versículo 1 leímos que “la palabra de Jehová era de estima” y que “en aquellos días; no había visión manifiesta.”  Ahora nos damos cuenta de que los ojos de Eli habían deteriorado y no podía ver.  Esto seguramente se refiere a su vista espiritual tanto como la física.

“antes que la lámpara de Dios fuese apagada” (v. 3c).  Según el contexto es posible que estas palabras solo se refieran al estado de la lámpara en el templo.  Ver visiones no es muy común (v. 1) – y la vista de Eli es floja (v. 2) – y aunque esta lámpara todavía alumbra, la llama está a punto de extinguirse.

A pesar del valor simbólico de estas palabras, también nos revelan la hora del día.  Los sacerdotes debían mantener la lámpara encendida de la noche a la mañana (Éxodo 27:20-21; Levítico 24:1-4).  Este versículo sugiere que está amaneciendo.

Sin embargo, el hecho de que la lámpara todavía no se haya apagado es esperanzador.  La palabra de Dios ha estado ausente y aún no ha habido muchas visiones.  Eli es anciano y está casi ciego, pero aunque la lámpara sea floja y apenas alumbre, sigue ardiendo.  Dios no ha abandonado este lugar ni a su gente.

“Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde el arca de Dios estaba” (v. 3b).  El arca de Dios es el Arca de la Alianza – un arca de madera de acacia decorada con grabados de oro.  Es de 2.5 codos (45 pulgadas o 114 centímetros) por 1.5 codos (27 pulgadas o 69 centímetros) por 1.5 codos.  Contiene las tabletas de los Diez Mandamientos y la vara de Aarón, y una urna llena de mana.  Encima del arca dos querubines custodian el asiento de la merced – el trono de Dios.  El arca es el objeto más sagrado de Israel y simboliza la presencia de Dios.

Entonces, cuando el joven Samuel duerme cerca del arca de Dios, duerme ante la presencia de Dios.  Eli está durmiendo en otro lugar, no muy apartado.  No se sabe dónde pueden estar durmiendo los hijos canallas de Eli – ¡o con quién estarán!

 

1 SAMUEL 3:4-7: JEHOVÁ LLAMÓ Á SAMUEL

4Jehová llamó á Samuel; y él respondió: Heme aquí. 5Y corriendo luego á Eli, dijo: Heme aquí; ¿para qué me llamaste?
Y Eli le dijo: Yo no he llamado; vuélvete á acostar.
Y él se volvió, y acostóse.
6Y Jehová volvió á llamar otra vez á Samuel.
Y levantándose Samuel vino á Eli, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado?
Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado;
vuelve, y acuéstate.
7Y Samuel no había conocido aún á Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada.

“Jehová llamó á Samuel; y él respondió: Heme aquí” (v. 4).  Dios llama a Samuel por su nombre y Samuel contesta, “Heme aquí.”  En algunas traducciones, Dios dice, “Samuel, Samuel.”  Esta fórmula aparece en varias llamadas importantes.

• El ángel llamó, “Abraham, Abraham” para evitar que Abraham sacrificara a su hijo, y Abraham respondió “Heme aquí.” (Génesis 22:11).

• Dios llamó, “Jacob, Jacob” para prometer que haría de él una gran nación, y Jacob respondió, “Heme aquí.” (Génesis 46:2).

• Desde el arbusto ardiente Dios llamó, “Moisés, Moisés” y éste respondió, “Heme aquí.” (Éxodo 3:4).

“Y corriendo luego á Eli, dijo: Heme aquí; ¿para qué me llamaste? Y Eli le dijo: Yo no he llamado; vuélvete á acostar. Y él se volvió, y acostóse.” (v. 5).  Samuel cree haber oído la voz de Eli, pero Eli le dice que se vuelva a acostar.

“Y Jehová volvió á llamar otra vez á Samuel. Y levantándose Samuel vino á Eli, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve, y acuéstate” (v. 6).  Esto repite los eventos de versículos 4-5, excepto que Dios dice el nombre de Samuel una sola vez.

“Y Samuel no había conocido aún á Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada” (v. 7).  Anna había dedicado a Samuel a una vida al servicio del Señor, y él lo sabe.  Ya lleva un tiempo en el templo – seguramente unos años – y sabe bien quién es Jehová.  Pero algo le falta.  Dios todavía no se ha revelado ante Samuel de la manera que pronto hará.  En este momento, Samuel conoce a Dios de la misma manera que el resto del pueblo devoto de Israel conoce a Dios, pero pronto conocerá al Señor y la palabra del Señor como profeta de Dios.

 

1 SAMUEL 3:8-9: ENTENDIÓ ELI QUE JEHOVÁ LLAMABA AL JOVEN

8Jehová pues llamó la tercera vez á Samuel. Y él levantándose vino á Eli, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado?
Entonces entendió Eli que Jehová llamaba al joven.
9Y dijo Eli á Samuel: Ve, y acuéstate: y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, que tu siervo oye. Así se fue Samuel, y acostóse en su lugar.

“Jehová pues llamó la tercera vez á Samuel. Y él levantándose vino á Eli, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Eli que Jehová llamaba al joven” (v. 8).  Después de ser despertado por tercera vez, Eli empieza a darse cuenta de que algo especial está pasando.  Se le ocurre que el Señor puede estar llamando a Samuel.

“Y dijo Eli á Samuel: Ve, y acuéstate: y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, que tu siervo oye. Así se fue Samuel, y acostóse en su lugar” (v. 9).  Eli fracasó con sus propios hijos – no les crió con el amor duro que les hizo falta – pero con Samuel no fracasa.  Intuye que Dios está llamando a Samuel y no le falla – le aconseja bien.

 

1 SAMUEL 3:10-14: HABLA, QUE TU SIERVO OYE

10Y vino Jehová, y paróse, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel!
Entonces Samuel dijo: Habla, que tu siervo oye. 11Y Jehová dijo á Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que á quien la oyere, le retiñirán ambos oídos. 12Aquel día yo despertaré contra Eli todas las cosas que he dicho sobre su casa. En comenzando, acabaré también. 13Y mostraréle que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos se han envilecido, y él no los ha estorbado. 14Y por tanto yo he jurado á la casa de Eli, que la iniquidad de la casa de Eli no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con presentes.

“Y vino Jehová, y paróse, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, que tu siervo oye” (v. 10).  El Señor repite el nombre de Samuel dos veces.  Esta vez Samuel contesta, “Habla, que tu siervo oye.”  Esta es la respuesta correcta.  Samuel reconoce su estatus de siervo ante el Señor.  Reconoce también su obligación de escuchar y el derecho de Dios para hablar.

“Y Jehová dijo á Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que á quien la oyere, le retiñirán ambos oídos” (v. 11).  El Señor promete hacer algo impresionante – algo que llamará la atención de todo israelita – algo tan dramático que la gente siempre recordará dónde se encontraba al oír la noticia.

“Aquel día yo despertaré contra Eli todas las cosas que he dicho sobre su casa. En comenzando, acabaré también” (v. 12).  Esto se refiere al varón de Dios que antes había regañado a Eli por deshonrar su oficio y el que le dijo que el Señor pronto cortaría “tu brazo, y el brazo de la casa de tu padre, que no haya viejo en tu casa” (2:27-36).  La profecía se había relatado en el capítulo anterior.  Ahora el Señor pretende cumplirla.

“Y mostraréle que yo juzgaré su casa para siempre” (v. 13a).  La intención de Dios era que Eli y su familia “andarían delante de mí perpetuamente” (2:30), pero a causa de la falta de lealtad de Eli, una bendición eterna se ha transformado en un castigo eterno.

“por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos se han envilecido, y él no los ha estorbado” (v. 13b).  No parece que Eli fuera culpable de haber malgastado su oficio o de haber blasfemado personalmente a Dios, pero sí permitió que sus dos hijos, Ophni y Phiness, lo hicieran.  Ophni y Phiness “eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová y la costumbre de los sacerdotes con el pueblo” (2:12-13).  Trataban las ofrendas sacrificadas como si fueran su propio alimento (2:13-16).  “Menospreciaban los sacrificios de Jehová” (2:17).

Esta falta de respeto constituía blasfemia – pecado que solía asociarse con palabras irreverentes.  La ley del Torá prescribe “Y el que blasfemare el nombre de Jehová, ha de ser muerto; toda la congregación lo apedreará” (Levítico 24:16a).

Si Eli hubiera disciplinado adecuadamente a sus hijos cuando eran pequeños, no habrían perdido el camino tan completamente.  Si les hubiera confrontado antes ahora no necesitarían tan severa disciplina.

“Y por tanto yo he jurado á la casa de Eli, que la iniquidad de la casa de Eli no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con presentes” (v. 14).  Dado que los hijos de Eli “menospreciaban los sacrificios de Jehová” (2:17), ahora no pueden esperar que Dios trate sus ofrendas con respeto.

 

1 SAMUEL 3:15-18: SAMUEL SE LO MANIFESTÓ TODO

15Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió las puertas de la casa de Jehová. Y Samuel temía descubrir la visión á Eli. 16Llamando pues Eli á Samuel, díjole: Hijo mío, Samuel. Y él respondió: Heme aquí. 17Y dijo: ¿Qué es la palabra que te habló Jehová?; ruégote que no me la encubras: así te haga Dios y así te añada, si me encubrieres palabra de todo lo que habló contigo. 18Y Samuel se lo manifestó todo, sin encubrirle nada. Entonces él dijo: Jehová es; haga lo que bien le pareciere.

“Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió las puertas de la casa de Jehová” (v. 15a).  Podemos imaginarnos a Samuel despierto toda la noche – preocupado por las terribles palabras que ha oído del Señor – preocupado por la responsabilidad que el Señor le ha dado en este drama.  Al amanecer Samuel empieza el día como cualquier otro.  Abre las puertas de la casa del Señor.  Sin duda encuentra consuelo en su rutina.  Las rutinas nos tranquilizan en momentos difíciles.

Aquí también hay simbolismo.  Samuel abre las puertas del templo, pero pronto abrirá las puertas de una nueva experiencia religiosa para Israel.

“Y Samuel temía descubrir la visión á Eli” (v. 15b).  Esta es la primera experiencia de Samuel como profeta – una misión particularmente difícil.  Eli ocupa un puesto de alta estima en la sociedad israelí.  Está encargado del templo y su mobiliario.  Trabaja a diario con las cosas de Dios y cumple con el ministerio de sacrificios que la ley requiere.  Además de eso, ha sido un padre suplente para Samuel – un buen padre – mejor padre para Samuel que para sus dos hijos.  Es de entender que Samuel tenga miedo de decirle a su padre las cosas horribles que Dios le ha revelado.  No es raro que parezca paralizado.

“Llamando pues Eli á Samuel, díjole: Hijo mío, Samuel. Y él respondió: Heme aquí” (v. 16).  Para el mérito de Eli, sin embargo, él no se paraliza.  Oye a Samuel moverse.  Oye como abre las puertas.  Sabe que ha pasado algo importante y por eso inicia una conversación con Samuel.  Quiere saber lo que Samuel ha aprendido durante su encuentro con Dios.

“Y dijo: ¿Qué es la palabra que te habló Jehová?; ruégote que no me la encubras: así te haga Dios y así te añada, si me encubrieres palabra de todo lo que habló contigo” (v. 17).  Eli ya había oído el regaño y la profecía devastadora del varón de Dios (2:27-36).  Sabe que el Señor le ha revelado algo a Samuel y se puede imaginar que se trata de él.  Mil posibilidades deben estar pasándole por la cabeza – todas de ellas temerosas – pero necesita oír la verdad.  Pronuncia una maldición sobre Samuel si éste no le dice todo.

“Y Samuel se lo manifestó todo, sin encubrirle nada” (v. 18a).  Esta es la gran prueba de la llamada profética de Samuel – la cosa más difícil que ha tenido que hacer en su vida y que jamás tendrá que hacer.  El joven Samuel pasa la prueba y le dice a Eli todo lo que ha oído.

“Entonces él dijo: Jehová es; haga lo que bien le pareciere” (v. 18b).  Eli sabe que sus hijos han cometido pecados terribles, y sabe que él comparte en su culpabilidad.  Ha fracasado como padre y como sacerdote.  Su conciencia ha estado pesando sobre él.  Por eso está dispuesto a aceptar el juicio de Dios como justo y justificado.  Es una nota de gracia al final de una vida lamentablemente fallida.

El próximo capítulo relata la captura del arca por parte de los filisteos – y la muerte de treinta mil israelitas, incluyendo los hijos de Eli, Ophni y Phiness (4:2-11).  También relata la muerte de Eli, quien al oír de la terrible catástrofe, “cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, y quebrósele la cerviz, y murió: porque era hombre viejo y pesado” (4:18).  Describe también la muerte de la esposa de Phiness durante un parto dificultoso provocado por la noticia de la catástrofe (4:19-22).  Antes de morir le pone a su hijo el nombre de Ichâbod, queriendo decir “Traspasada es la gloria de Israel” (4:21).

 

1 SAMUEL 3:19-21: JEHOVÁ FUE CON SAMUEL

19Y Samuel creció, y Jehová fué con él, y no dejó caer á tierra ninguna de sus palabras. 20Y conoció todo Israel desde Dan hasta Beer-sebah, que Samuel era fiel profeta de Jehová. 21Así tornó Jehová á aparecer en Silo: porque Jehová se manifestó á Samuel en Silo con palabra de Jehová.

“Y Samuel creció, y Jehová fué con él, y no dejó caer á tierra ninguna de sus palabras” (v. 19).  Dios está presente en la vida y en las palabras de Samuel.  Samuel le ha sido fiel a Dios y por eso Dios bendice sus palabras y sus obras.

“Y conoció todo Israel desde Dan hasta Beer-sebah, que Samuel era fiel profeta de Jehová” (v. 20).  Dan y Beer-sebah son las ciudades al extremo norte y sur de Israel, respectivamente.  Desde Dan hasta Beer-sebah es una manera de decir “a través de toda la tierra.”

“El verdadero clímax de este pasaje llega con la última noticia que identifica a Samuel como profeta plenamente autorizado por el Señor” (Birch).

“Así tornó Jehová á aparecer en Silo: porque Jehová se manifestó á Samuel en Silo con palabra de Jehová” (v. 21).  Aunque este versículo no aparece en la lectura del leccionario, es un final apropiado para esta historia.

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, de dominio público, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

BIBLIOGRAPHY:

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Cartledge, Tony W., Smyth & Helwys Bible Commentary: 1 & 2 Samuel (Macon, Georgia: Smyth & Helwys, 2001)

Craddock, Fred B.; Hayes, John H.; Holladay, Carl R.; Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, B (Valley Forge: Trinity Press International, 1993)

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Gehrke, Ralph David, Concordia Commentary: 1 and 2 Samuel (St. Louis: Concordia Publishing House, 1968)

Hoezee, Scott, in Van Harn, Roger (ed.), The Lectionary Commentary: Theological Exegesis for Sunday’s Text. The First Readings: The Old Testament and Acts (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 2001)

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Newsome, James D., in Brueggemann, Walter; Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R.; and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV –– Year B (Louisville: Westminster John Knox Press, 1993)

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Tsumura, David Toshio, The New International Commentary on the Old Testament: The First Book of Samuel (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 2007)

www.sermonwriter.com

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